Los seres humanos somos seres sociales y a todos nos preocupa en cierta medida lo que piensan los demás, esto es algo normal.

El problema viene cuando lo que piensa el resto de la gente acaba marcando tu vida porque vives intentando agradar a todos.

Y dejas de ser tú, te ves inmersa en bucles mentales infinitos intentando adivinar lo piensan los demás de ti o reprochándote aquello que has dicho…

Agradar a todo el mundo es imposible, e intentar que así sea puede suponer un gran desgaste.

Estar pendiente de todo el que te rodea lo que hace inevitablemente es que te abandones a ti.

Y al final ¿Quién acabas siendo en realidad? Es como si te hubieses vendido a los demás, como si tu opinión o sentimientos no son válidos cuando no son aprobados por otros.

Te voy a contar un secreto. No hay nada más seductor que una persona que se muestra totalmente en sintonia consigo misma y que vive la vida tal y cómo le apetece. ¿estás de acuerdo conmigo?

Así que en este artículo voy a invitarte a que empieces a mostrarte tal y como eres. Permite que quien te conozca, lo haga conociendo tu parte más auténtica.

 

Cuando pierdes tu esencia preocupándote por lo que piensan los demás.

Es increíble cómo se nos pasa la vida pensando en lo que piensan los demás y dándole más importancia a eso que a lo que pensamos nosotras mismas.

¿Cuántas veces has decidido no hacer algo por no cumplir las expectativas de alguien?

¿Cuántas veces has hecho algo sin que te apetezca o quieras hacerlo, por no decepcionar a esa persona?

¿Y las veces que te sientes culpable por estar fallando a alguien y lo que en realidad te preocupa es lo que pueda estar pensando de ti?

En todos estos casos, estas poniendo por delante lo que pueda estar pensando la otra persona. Te estas preocupando más de lo que piensa ella, de que lo que piensas tú.

Tanto pensar en lo que opinan los demás te olvidas de ti, de lo que sientes, de tus valores, de lo que deseas y lo que te pide tu alma.

Es como vivir en una cárcel en la que los demás deciden quién eres y cómo eres.

Y ojo, tu solita entras en esa cárcel, porque son tus creencias las que hacen que pienses que no debes fallar a nadie.

Vivir de esta forma hace que te cueste encontrar la motivación, que vivas con estrés por querer llegar a todo y que no confíes en ti.

“Uno de los peligros de buscar siempre la aprobación ajena es que puedes olvidar la paz que viene de la propia aprobación”. Pepa Arcay

A fuerza de no escucharte.

Yo misma sé lo que es vivir de esta forma.

Intentaba ser una buena persona y agradar a los demás.

Mi miedo más profundo era el sentir aquello que me había acompañado desde la infancia. No quería sentirme sola, ni rechazada y mi obsesión era intentar agradar.

Sentir que por fin encajaba.

Por ello:

  • Hacía todos los favores que me pedían.
  • Asistía a todas las fiestas o eventos que me invitaban (aunque no me apeteciese para nada).
  • Era el paño de lágrimas de todo mi alrededor…

Me quedé sin energía.

Ocupándome de todo el mundo me olvidé de mí.

Y, además, a pesar de dar todo, seguí sintiéndome sola.

Mi liberación más absoluta fue descubrir que lo que yo necesitaba no era la aprobación de los demás, sino la mía propia.

 

Cosas que puedes estar diciéndote a ti misma

Estas son algunas frases muy comunes que puede que te digas a ti misma y que reflejan que buscas la aprobación de los demás.

“Si alguien importante para mi espera que haga algo, debería de hacerlo.”

“¿Cómo puede ser tan egoísta y decirle que no?”

“No estoy haciendo bastante por esta persona. Que mala persona soy, como no puedo darme cuenta de lo que tengo que hacer para que no se enfade/agobie/entristezca…”

“Debería hacer lo que la gente espera que haga”

“¿Cómo pude ser tan desagradable? No debería ser tan irritable no desagradable con esta persona”

¿Por qué actué de esa manera? No debería hacer que los demás se enfaden conmigo”

“Debería hacer feliz a las personas que amo”

“¿Por qué no pude ser más amable?”

“Es culpa mía si él/ella se enfadó.”

“Que alguien me rechace es lo peor que me puede pasar”

¿Cómo voy a ser feliz si no le caigo bien a los demás?

“Es horrible ¿Por qué no le gusto a la gente?”

“No puede soportar estar sola”

“Me pongo nervioso en las conversaciones porque tengo miedo de decir alguna tontería y que se rían de mi”

“No soy nada a menos que alguien quiera estar conmigo y me quiera”

“Es horrible pasar desapercibida”

“¿Por qué no pueden ser más agradecidos? Deberían darme las gracias por lo que hice.”

 “Le doy muchas vueltas a lo que piensan los demás de mi”

“Ser criticada es algo terrible”

“Me pongo guapa para los demás” / “Me pongo guapa para mi pareja”

“Muchas veces me encuentro repasando conversaciones a ver si estuve bien”

“Me anticipo demasiado a posibles conversaciones con otras personas intentando ver cómo podría responder de la mejor manera»

“¿Por qué no me llaman? Seguro que hice algo que les molestó”

 

¿Desde dónde decides vivir?

Hay dos formas de vivir la vida, desde el amor o desde el miedo.

El Miedo

Cuando vives desde el miedo, tratas de evitar ese dolor o sufrimiento d que tanto asusta. Utilizas tu energía pensando en los demás, te vuelves frágil. Permites que sus opiniones afecten a tu visión sobre ti misma y a lo que crees de ti.

Entonces te traicionas y entras en una división interna entre lo que quieres y deseas, y lo que crees que debes de ser.

Esto inevitablemente daña tu confianza y tu autoestima.

Y por si todo esto es poco, desde esta posición atraes a tu vida personas que no te ayudan a evolucionar. Tu miedo las atrae. Por lo que vives encerrada en una insatisfacción y frustración permanentes.

Atrapada en la rueda del hámster.

 

El amor

La única posibilidad de salir de la rueda en la que te encuentras, es que cambies el foco.

Que dejes de ser una actriz secundaria ayudando a los demás para intentar mejorar sus vidas y que ahora te centres en ti.

Pasa a mirarte a ti, sé la protagonista de tu vida.

Vivir desde el amor se empieza haciendo al contrario de lo que lo solemos hacer.

Creemos que dar lo mejor al resto nos convierte en buenas personas, pero no nos damos cuenta de que solo siendo nuestra mejor versión podremos dar lo mejor.

Y esto empieza por empezar a conocerse a una misma, sanando las heridas del pasado y poniendo luz a la sombra personal que cada una arrastramos. Aceptando quién somos, parando a escucharse a una misma en toda nuestra esencia.

A partir de ahí, cuando eres capaz de escucharte y saber hacia dónde quieres ir, se trata de respetarte y seguir tus valores en la vida.

 

¿Cómo dejar de preocuparte tanto por lo que piensan los demás?

 

Como siempre digo esto no es algo automático, sino que es un proceso. Algo que se tiene que llevar a cabo sin prisa, a fuego lento, pero con perseverancia y mucha consciencia.

Aquí te dejo 8 claves que te ayudarán en gran medida a cambiar tu forma de relacionarte con el mundo.

 

Cambia tus creencias.

Las creencias son todas esas ideas que escuchamos en nuestras vidas y quedan ancladas en nosotras.

Nos hacen pensar que no somos capaces de muchas cosas, creer que ciertas cosas están mal o no son correctas.

Estas creencias nos impiden crecer como personas y evolucionar.

Son creencias como “que van a decir de ti si haces eso” o “Para ser buena persona si te han pedido este favor tienes que hacerlo”.

O cómo las frases que te he comentado en el apartado de las frases que puedes estar diciéndote. Todas esas frases, son creencias que te limitan.

 

Buena o mala

Esto de ser buena o mala persona es algo de lo que hablaba recientemente con mis alumnas.

Nos educaron para ser buenas hermanas, buenas hijas, buenas estudiantes, buenas amigas…

¿Dónde realmente esta explicado que es ser buena o mala? ¿Hay alguna ley?

¿Soy mala si decido no ir a una fiesta cuando no tengo ganas de ir porque me apetece quedarme en casa descansando o irme al monte?

¿Soy mala si un día que tengo un plan que me apetece mucho no dejo todo por ir a acompañar a mi amiga que lleva una temporada de bajón al cine?

El otro día una amiga me contaba como su hijo mayor era muy sensible. Se había encontrado un peluche y ante insistencia del hermano pequeño se lo dejó esa noche para dormir.

Llegaron al acuerdo de que la noche siguiente sería para el niño mayor, el que lo había encontrado.

Llegó la noche y el pequeño la lio parda para quedarse con el peluche. Y el mayor, entre lágrimas de tristeza lo volvió a ceder, es lo que tiene que hacer un buen hermano, ¿no?

Para la mama el hijo mayor estaba haciendo lo correcto.

Cuando me lo contó le dije que eso era una creencia suya, de lo que le habían enseñado desde pequeña.

De esta forma le estaba enseñando a su hijo que para ser bueno tienes que dar todo, aun cuando tengas razón para quedarte con aquello que deseas.

Para mí, el niño hubiese sido igual de bueno si se hubiese quedado con el peluche esa noche. A pesar de las lágrimas del hermano que, al ser tan pequeño, aún no entendía y debe de ir aprendiendo lo de “una noche cada uno”.

¿Cuántas veces en tu vida estas cediendo el peluche para ser buena?

¿Crees que ha llegado la hora de empezar a pensar en ti y en lo que deseas y mereces?

 

 

No puedes controlar lo que piensan los demás.

Cada persona es un mundo, con sus experiencias, sus pensamientos, sus gustos y sus valores.

Es imposible agradar a todo el mundo porque no puedes encajar dentro de los parámetros de todas las personas. ¿O es que a ti te cae bien todo el mundo?

Lo único que puedes elegir es el camino que tú quieres seguir y lo que te vas a llevar contigo.

Si conoces la ley del espejo sabrás que todos nos relacionamos mediante proyecciones. Somos responsables de lo que hacemos y de lo que sentimos, pero no somos responsables de cómo se sienten los demás.

Ante un mismo hecho cada persona interpreta lo que ha pasado dependiendo de sus vivencias, de sus creencias, sus patrones y su situación.

No te hagas responsable de cómo se sienten o cómo piensan los demás por algo que haces. Centrarte en ello es un error ya que es imposible controlar lo que otra persona piense o sienta sobre ti.

No malgastes tu energía en lo que piensan los demás de ti.

Comprométete contigo y responsabilízate de hacer lo posible para ser en el mundo quien quieres ser.

Crece como persona, conócete a ti misma y cuando lo tengas claro, camina hacia dónde quieres.

“Porque uno cree en sí mismo, Uno no necesita tratar de convencer a los demás.

Porque uno está contento consigo mismo, uno no necesita la aprobación de otros.

Porque uno se acepta a sí mismo el mundo entero le acepta”. Lao Tzu

 

 

Para a observarte.

Vivimos en piloto automático, corriendo para llegar a todos los sitios y muchas veces nos desconectamos de nosotras mismas.

Tú tienes todo lo que necesitas tener. Y es posible que ni siquiera sepas exactamente quién eres.

Si paras a escucharte, a sentir lo que sientes en vez de intentar evitarlo, tus emociones te guían.

Párate a conocerte, a saber quien eres realmente y quien quieres ser. Atrévete a hacer caso a tu instinto, ese que es capaz de guiarte y llevarte hacia donde verdaderamente deseas estar.

Empieza tu propio proceso de autoconocimiento y pon luz a tus sombras, acepta todo aquello que forma parte de ti y descubrirás que tu potencial es mucho mayor del que imaginas.

Dedícate el tiempo que necesitas para ello.

A mí me cuesta mucho parar, y cuando siento que empiezo a perderme utilizo el mindfulness para conectar de nuevo conmigo misma.

El Mindfulness es una técnica que te ayuda a estar en el presente, a conectar y escucharte, a volver a ti y es posible que a ti también pueda ayudarte.

Es muy conveniente que en tus decisiones te empieces a preguntar: ¿Estoy siendo consecuente conmigo misma? ¿Lo que pienso, lo que digo y lo que hago están alineados?

Sé tú misma.

Cultivar tu autenticidad es lo mejor que puedes hacer por ti.

Piensa en las personas que más te gustan. ¿Estás de acuerdo con ellas en todo?

Mostrarte tal y como eres te ayuda a conectar con los demás. Da igual si están o no de acuerdo en todo, lo importante es el respeto y que cada cual sea capaz de mostrar su esencia, quien es en realidad.

Cuando alguien es ella misma se nota y eso gusta y atrae a los demás. Te aseguro que a las personas les agradarás mucho más cuando te muestres tal y como eres.

Cuando aparentas ser como crees que el resto quiere que seas, inevitablemente se percibe y se siente ese miedo que hay detrás.

Yo misma me he dado cuenta de que, cuanto más necesitaba que me quisieran, menos respeto y aceptación recibía. Porque los demás te perciben como una persona influenciable, incoherente y poco atractiva.

En cambio, cuánto más me quiero, más auténtica soy, y más me respetan los demás. Porque para que los demás me respetaran primero tenía que respetarme yo…

No necesitas que los demás estén de acuerdo contigo para que te quieran o te valoren, necesitas ser tú.

 

Ten claro lo que quieres para ti.

 

Es fácil dejar tu vida a merced de lo que quieren los demás cuando no tienes claro lo que quieres para ti.

Por ejemplo. Hace menos de un año que dejé el trabajo como ingeniera informática en el que llevaba más de 12 años trabajando. Tenía un buen sueldo, un buen horario, un trabajo supuestamente fijo…

Pero era infeliz. Sabía que nunca me iba a sentir realizada.

Lo que realmente quería era ayudar a personas a cambiar sus vidas como yo había logrado hacer con la mía.

Llevaba años formándome con mucho esfuerzo y cuando me vi preparada di el salto y lo dejé.

La seguridad de saber que esto era lo que realmente quería en mi vida, lo que me iba a llevar a una vida plena evitó que me paralizase el miedo (que obviamente lo tenía), ni las críticas.

Porque si hubiese sido por la gente de mi alrededor ahora seguiría en aquella oficina donde a mí las jornadas se me hacían eternas.

Ellos veían que tenía algo seguro, cómodo, lo que a muchas personas les gustaría tener y temían porque perdiera todo. Pero es que a mí no me gustaba.

Así que te invito a pensar: “Si en este momento te pusieses a ti, a tus deseos y tus necesidades por delante ¿Qué harías, qué dirías y cómo te comportarías?”

 

Mereces pensar en ti.

Pensar en una misma y ponerse delante del resto no es ser narcisista, sino ser consciente.

Una persona que no se cuida, que no se respeta, se acepta y actúa en consecuencia difícilmente podrá aportar lo mejor de ella a la sociedad.

Mereces hacer lo que quieras hacer, y pensar cómo quieras pensar.

Tienes derecho a elegir cómo quieres vivir tu vida y a expresarlo sin sentirte egoísta. Da igual si quien te rodea lo considera lógico y normal, porque eso, son sus creencias limitantes y no son tu responsabilidad ni las puedes controlar.

Que tienes derecho a que nadie te rechace y que si alguien lo hace eso es suyo, no tuyo. Tú puedes ocuparte de no rechazar a otras personas porque piensen diferente o no hagan lo que tú esperas, pero no está en tu mano que los demás no te rechacen a ti.

Mereces sentirte bien porque sabes que estás tomando tus propias decisiones sin miedo, que diriges tu vida y que te mueve hacia lo que deseas.

Y, también, mereces que los demás te quieran y te acepten como realmente eres.

 

Aléjate de los sentimientos de culpa

Nos han educado desde la culpabilidad.

Cuantas veces te han dicho desde pequeña, “estoy enfadada por tu culpa” o “mira lo que ha pasado por tu culpa”.

Aprende a dejar de sentirte culpable. Dedíca el menor tiempo posible a pensar en eso.

Nadie está en deuda con nadie por pensar o sentir diferente. Tan solo estás en deuda contigo si no te comportas como crees, piensas y sientes.

Repítete que es mucho más importante lo que tú piensas sobre ti y sobre tu vida que lo que piensan los demás. Cuando entiendas bien esto,la culpa desaparece.

 

Asume las consecuencias de que empieces a actuar distinto

Si durante mucho tiempo has hecho lo que se esperaba de ti y un día dejas de hacerlo pueden surgir roces con algunas personas.

El otro día conversaba con una alumna que estaba empezando a hacer las cosas que le gustan, tras mucho tiempo en las que se había abandonado por completo.

Se sentía dividida.

Por un lado, feliz por poder disfrutar de aquello que le llena y por otra disgustada porque a su pareja le costaba entender que ella estuviese haciendo esas cosas y no las que él quería como había sido hasta ahora.

Es un precio que hay que pagar, pero te aseguro que vale la pena serte fiel a ti misma, le pese a quien le pese.

Por eso, si alguien te rechaza o te critica, acéptalo… Muchas otras personas lo entenderán y, si les explicas lo que sientes y de verdad te quieren, te comprenderán…

Conclusiones.

La vida pasa volando y si quieres aprovecharla de verdad, lo más importante es que decidas vivirla desde tu esencia, tus valores y tus preferencias.

Es algo que a mí me costó trabajo conseguir, pero una de las mayores liberaciones que he podido experimentar.

Hubo un día que de pronto sentí la libertad en mí. Recuerdo ese momento, ese paseo hacia mi casa, había decidido firmemente ser yo, y ya no tenía miedo.

Luego temí que fuese un sentimiento pasajero, pero no, sigue en mí cada mañana.

Es absolutamente liberador dejar de preocuparse por lo que piensan los demás y pasar a ser tu misma, en toda tu autenticidad.

Es algo que ha cambiado por completo mi forma de vivir. Tanto que hace unos meses decidí tatuarme la palabra “Lliure” que, en valenciano, mi lengua natal significa libre.

Creo que esta libertad sigue siendo para mí, mi mayor tesoro. He estado privándome de ella casi 30 años…

Así que dime, ¿cómo serías si solo te quedara una semana de vida? ¿Qué harías? ¿Cómo te comportarías? ¿Quién estaría a tu lado? ¿Qué sería lo más importante para ti?

En las respuestas, se esconde la persona que quieres ser, la forma de vida que te va a llevar a la plenitud y eso es lo que deberías empezar a hacer desde ya.

Estoy segura de que en esta situación límite dejarías de preocuparte por lo que piensan los demás y pensarías en ti.

¿Por qué no lo haces ahora?

Mil gracias por leer el artículo, si te apetece, puedes compartir conmigo en los comentarios que te ha parecido, me encantaría saber tu opinión.

Y si me ayudas a compartirlo, ¡será lo más!