La niña que fuiste aún habita en tu interior, y es muy probable que esté herida. Esta niña necesita tu amor y aceptación.

Nunca es tarde para tener una infancia feliz. Milton Erickson

Cuando eras niña y las cosas iban mal, solías pensar que algo no funcionaba bien en ti. La niña que necesita algo y no lo obtiene piensa que no vale lo suficiente. De esta forma cuando nos hacemos mayores rechazamos ciertas partes de una misma.

Tu niña interior herida se manifiesta constantemente, especialmente en las situaciones en las que tienes problemas al intimar con las personas.

Cada vez que haces algo y te rechazas o criticas por no haber hecho algo diferente, estas dividida y accediendo a una parte tuya no resuelta, a tu niña interior herida.

Cada edad que has vivido está dentro de ti, dentro de tu conciencia y de tu memoria.

Para comenzar a sanar las heridas emocionales que todos arrastramos desde la infancia o incluso la adolescencia, lo que más necesitamos todos es sanar a nuestro niño o niña interior.

En este artículo te voy a enseñar porque deberías sanar a la niña que llevas dentro, para poder estar en paz con tus padres y con tu infancia. Además, aprenderás técnicas que te ayudarán a hacerlo.

Tu primer trauma. Nacer

Los seres humanos pasamos unos 9 meses dentro del útero de nuestras madres. Dicen que durante este tiempo ya nos afecta directamente lo que pueda estar viviendo nuestra madre.

El útero es un maravilloso chill-out donde nos encontramos calientes, arropados y tenemos todas nuestras necesidades cubiertas.

De repente llega un día en que decides nacer, y con ello llega el primer gran trauma de tu vida. Eres arrancada de aquel lugar en el que estabas tan a gusto y de todo es distinto.

Sientes frío, tienes que respirar, necesitas esforzarte para comer y aquí van llegando tus primeras necesidades no satisfechas. Cuanto más traumático es el parto, más profunda es la herida que deja, y todos la tenemos.

Primeros días de vida

Después vienen los primeros días de vida y aquí puede que hayas tenido suerte y que tuvieras un inicio más fácil, aunque el principio siempre es complicado.

Pero… ¿Qué hay de esos niños que nacen enfermos, o que sus madres están mal después del parto y no están con ellos?

Mi primer hijo fue arrancado de mi nada más nacer y de ahí se fue a una incubadora, en la que estuvo poco más de un mes. Fue operado y estuvo más de una semana sedado lleno de tubos y sin contacto alguno conmigo.

Cuando salió del hospital, durante meses, se asustaba cada vez que se le acercaba alguien. Tenía pánico por todo lo que había sufrido y nos costó mucho contacto y amor que se relajase.

Ahora es un niño muy cariñoso, y entre muchas otras cosas (que te voy a decir yo como madre…) es muy aprensivo en determinadas ocasiones. Van pasando situaciones, que no son ni buenas ni malas, pero sabemos que están marcadas por su dolorosa experiencia.

Lo bueno es que somos conscientes de ello, y que cuando llegue el momento le ayudaremos a sanar esta gran herida.

La infancia temprana

La infancia temprana es el periodo en que se sientan las bases de todo el desarrollo posterior del individuo.

Desde los 0 a los 3 años el cerebro se desarrolla en un 80% y los en los siguientes dos años se desarrolla en un 10 por ciento más, es decir que, hasta los 5 años, el cerebro humano se ha desarrollado en un 90%.

Es por ello que no resulte extraño que durante los 5-6 primeros años de vida, lo que reciba la niña, será sumamente importante en su futuro.

Todo lo que en estas edades un niño o niña haga sentir al niño rechazado o no querido, influirá para el resto de su vida.

Cuando tienes miedo a ser rechazada, o sientes que eres una persona insegura, realmente quien tiene miedo es la niña que hay en ti, que en su día sintió ese mismo miedo.

La responsabilidad de los padres

Ser padre es una tarea muy complicada y desafortunadamente la empezamos sin tener idea de cómo se hace. Quienes sufren las consecuencias de esto son los hijos, especialmente el mayor o la mayor.

El aprendizaje viene dado mediante prueba y error.

Ahora empieza a haber escuelas de padres, libros y conferencias que nos enseñan a quienes nos interesamos por ello. No obstante, es muy complicado y hay que tener en cuenta que a nuestros padres nadie les enseño.

Ellos lo han hecho lo mejor que han sabido, y aunque pienses que haya cosas que hayan hecho fatal, era lo mejor que sabían.

Tener un padre maltratador, un alcohólico, una madre que pasó de ti, que os dejó… es muy duro y difícil de entender. Aunque parezca increible estos tipos de padres también estaban haciendo lo mejor que podían.

Ahora sé, que cuando mi padre me castigaba de forma descomunal por una cosa normal de una niña, no lo hacía por mal. Él estaba convencido de que eso era lo mejor para que yo aprendiese, porque es lo que le habían enseñado.

Como madre que soy intento dar todo lo mejor a mis hijos y practicar una educación respetuosa. A veces en los momentos difíciles de rabietas o enfados hago cosas que no me gustan y que sé que no es lo mejor para ellos. Lo paso mal, intento rectificar las siguientes veces, pero sé, que en el fondo puedo haber herido a mi hijo.

Por mucho que intente hacerlo lo mejor que sé me equivoco de forma consciente e inconsciente, y el en el futuro también deberá sanar a su niño herido si quiere vivir en plenitud.

 

La responsabilidad de los hijos

Los niños son pureza, inocencia, están libres de culpa y no se apegan a los estados de ánimo.

Me encanta ver como mi hijo puede estar peleándose con su hermano y que de repente vea al perro del vecino y que se le olvide la pelea por completo. Por desgracia, a un adulto no se le olvidan los problemas tan rápido.

Todos nacemos un sistema de creencias como una hoja en blanco. Este sistema se va formando por las experiencias que vivimos que van determinando nuestras creencias.

A su vez las creencias que adquirimos favorecen nuevas experiencias y así se va formando nuestra identidad.

Lo que te sucedió no tiene por qué ver con lo que tu interpretaste que te sucedió, estabas en la construcción de tu personaje.

Tu responsabilidad cómo hija no es más que tratar de estar en paz contigo misma y con lo que has tenido, tratando de aceptarlo y perdonar. Y además perdonarte a ti misma, porque tú también lo hiciste lo mejor que sabias.

Piensa que el ser humano, siempre puede aprovechar algo de cada situación, por muy mala que sea.

Tu niña herida y el bullying

Cuando se habla de la niña interior herida, nos referimos normalmente a edades tempranas (entre los 0 y los 6 años).

No obstante, el bullying puede empezar a darse a finales de esta etapa infantil, o más tarde.

Una persona que ha sufrido bullying, ha sufrido acoso porque era un niño o niña vulnerable.

Puede que tengas muy clara la causa de tu vulnerabilidad o puede que no, pero proviene del entorno en que creciste y es seguro que existe.

Nunca supe por qué sufrí bullying, ni que había algo que me había hecho vulnerable hasta que no empecé mi proceso de desarrollo personal.

Descubrirlo dolió, pero ese fue el principio del cambio, empezar a sanar todo lo que había detrás, antes del bullying.

También tuve que sanar a esa niña pre-adolescente que sufrió acoso escolar. Todo el maltrato y rechazo sufridos quedaban en mí y salían a la luz en mi día a día impidiéndome ser feliz.

Se trata de estar en paz, de amar y conectar con todas las etapas en las que te has sentido herida. De volver a ti y darte el amor que no obtuviste cuando más lo necesitabas en cada etapa de tu vida.

Cómo conectar con tu niña herida

Cuidar al niño interior es de vital importancia para la mejora emocional y para mantener una sana autoestima.

Si quieres llevar una vida integra, en las que exista la posibilidad de un desarrollo verdadero, debes llegar hasta tu niña interior. Escucha qué es lo que tiene para decirte, y comprométete en la tarea de sanar las heridas.

Este es un proceso que no es fácil, y duele, pero es totalmente liberador.

Ahora querrás saber cómo se hace eso.

No hay una receta universal, tendrás que ir probando hasta encontrar tu manera.

Aquí te dejo unos cuantos ejercicios que pueden ayudarte en gran medida a conectar con esa niña herida que llevas dentro.

Empieza a despertar a tu niña interior

Busca fotos de tu infancia que te hagan recordar cómo eras. Colócalas en sitios que vayas a ver a menudo, en tu cartera, como fondo del móvil…
Cada vez que la veas dirige algún gesto cariñoso a esa niña, dale el amor que necesita.

Este ejercicio te ayudará a despertar a tu niña interior y a tenerla presente empezando a cuidarla y amarla.

Mira bien las fotos, ¿Qué te está diciendo esta niña ?¿Que le dirías si la tuvieses delante?¿Concuerdan las imágenes con lo que crees que sentías?

Cuando hice este ejercicio me di cuenta de que en todas las fotos aparezco feliz y dicharachera. Esto dista mucho de lo que sé que había dentro de mí.Lloré mucho.

Me dediqué unas semanas a decirme a mí misma que ya no necesitaba ser fuerte a los ojos de nadie. Había llegado el momento de permitirme ser vulnerable.

Me abracé y me envié todo el amor posible para permitirle a mi niña interior expresar lo que sentía. Le dije que podía pedirme ayuda siempre que lo necesitase, que yo estaría ahí.

Utiliza la escritura para hablar con tu niña herida

Toma papel y boli, si tienes una libreta bonita que puedas tener a mano mucho mejor.

Busca tiempo para ti, y relájate.

Imagina que tienes una conversación con tu niña interior.

Con tu mano derecha si eres diestra, si no con la izquierda, escribe todo lo que como adulta le dirías a esa niña.

Empieza por hacerle preguntas básicas para situarte como:

  •  ¿Quién eres?
  • ¿Qué esperan tus padres de ti?
  • ¿Cómo te sientes?
  • ¿Cuáles son tus miedos?
  • ¿Qué es lo que no te gusta hacer?
  • ¿Qué te encanta?
  • ¿Quién te da cariño?
  • ¿Qué te pasa en el colegio?

Con la otra mano escribe las respuestas imaginando que eres esa niña herida. Te costará escribir con esa mano, pero de eso se trata, de que sientas que eres una niña que aún está aprendiendo a escribir.

Mantén una conversación con esa niña, dile todo lo que sientes, dale el amor que le darías si la tuvieses enfrente de ti.

Recapitula los problemas o las dificultades que hayas tenido y “háblalos” con ella, abrazala, reconfortala, aceptala hazle llegar todo el amor que está pidiendo a gritos.

Este ejercicio requiere de mucho tiempo así que puedes ir retomándolo cada vez que puedas. De esta forma podrás ir revisando tu pasado y tu relación con esa niña herida que hay dentro de ti para ir sanando todo lo que necesitas.

Si realizando este ejercicio lloras, te enfadas, te sientes impotente, frustrada… Quiere decir que lo estás haciendo bien.

Déjate guiar por tus hijos

Tus hijos son espejos que no hacen más que mostrarte tus sombras continuamente.

Es fácil darte cuenta cómo muchas veces tu propio discurso se acaba convirtiendo en el suyo propio.

Tratas de esconderle tus debilidades o aquello que no quieras que aprendan de ti, pero da igual, ellos te aprenden.

Si te das cuenta en los momentos “oscuros” la forma en que tratas a tus hijos es la forma en la que a ti te trataron.

Estate atenta a las señales, dales todo el amor que seas capaz de darles, y reconócete en ellos.

Encuentra en ellos la niña herida que te habita y a ella, también hazle llegar el amor.

Los niños tienen una energía inmensa, que les impulsa a descubrir el mundo, a jugar, a disfrutar. Deja que te ayuden a reconectar con tu esencia, bailando, cantando, soñando.

Vivimos en un mundo en el que no nos permitimos muchas cosas, porque pensamos que no están bien para un adulto.

Reconecta con aquella que fuiste y saca la niña que llevas en ti y saca a relucir tu parte más autentica.

 

Meditación. Dar amor tu niña herida interior

Este ejercicio es una pequeña meditación.

Siéntate en un lugar donde estés cómoda, cierra los ojos y realiza tres respiraciones profundas.

Cuando estés cómoda imagínate cuando eras niña, sola en tu habitación.

Recuerda cómo eran tus muebles, los colores de las paredes, los detalles.

Estas jugando o haciendo algo que te gustaba y tú la ves como una observadora. Estas cabizbaja, notas que te sientes insegura.

Entra a esa misma habitación, siendo adulta y empiezas a hablar con ella. Ahora en esa habitación estas tú, junto con la niña que fuiste.

Acércate a ella, pregúntale, habla con ella.

Hazle saber que la amas, que vas a estar ahí cuando lo necesite. Abrázala, bésala, acaríciale. Que sepa que puede contar contigo, explícale que estás ahí para protegerla. Debe saber que a partir de ahora va a estar a salvo que la cuidarás y aceptarás como se merece.

Juega con ella, divertiros juntas, haz que sonría y saque su espontaneidad. Llévatela donde le apetezca, haz con ella aquello que más te gustaba hacer, repítele todo el tiempo que la quieres.

Cuando sientas que ha llegado el momento déjala de nuevo en esa misma habitación, despídete de ella. Dile que estarás siempre, para comprenderla y darle todo el amor que necesite.

Realiza unas cuantas respiraciones y siente la tranquilidad de saber que está bien. La niña que habita en ti ahora se siente amada y querida.

Cuando sientas que has terminado, abre de nuevo los ojos.

Conclusión

Mi niña interior pasó años llorando por los rincones, pidiendo ser atendida. Hasta que me di cuenta de todo lo que había sufrido. La tomé en brazos, la acaricié, la abracé y le dije que parase de hacerse la fuerte. Ya no lo necesitaba porque ahora me tiene a mí.

Muy recientemente he descubierto cosas nuevas que vivió, pero que no quería recordar por el dolor que le ocasionaron.

Las dos sabíamos que existían, pero lo habíamos apartado de la mente. Ahora mismo estamos en proceso de sanación, toca revivir lo que tanto duele para poder aceptarlo y superarlo.

Y esta es la única forma que he encontrado para dar sentido a mi vida, para entender quien he sido y quien soy.

Y créeme, todo va encajando, y eso me da tranquilidad y mucha paz.

Es por ello por lo que he decidido escribir este artículo.

Una vez eres adulta, la persona en que te conviertes tiene mucho que ver con todo lo que te ha pasado en la vida.

En ti hay una niña deseando que hagas caso a la persona que más necesita, TÚ.

¿Te animas a intentarlo?

Si tiene sentido para ti lo que acabas de leer en este artículo, me encantaría que me contases en los cuál es tu experiencia.

Te pido disculpas si en tu caso sientes que lo que has vivido en tu caso ha sido tan malo, que no puede ser que tus padres estuviesen intentando hacer lo mejor que saben. Comprendo tu punto de vista.

Puedes preguntarme cualquier duda o darme tu opinión. Me gustaría mucho saber cuál es que piensas sobre este tema.

¡Muchas gracias por leerme hasta el final!

¡Te leo en los comentarios!