Sentirme libre, la mejor sensación que he experimentado en todo el cambió que he realizado en los últimos años.

Pensaba que era una mujer libre y estaba convencida de que era independiente y capaz de tomar mis propias decisiones. Pero esto era la gran mentira que me contaba a mí misma.

Todo lo que hacía estaba condicionado a mis miedos, a mis limitaciones y barreras del pasado y eliminarlos fue abrir la puerta hacia mi verdadera libertad.

Este es un artículo muy personal, donde voy a contarte algo muy importante de mí.

Cómo un sentimiento de grandeza y libertad apareció un día de repente y espero que me acompañe por el resto de mi vida.

Cuando me encontraba perdida.

En mi infancia sufrí bullying. A causa de ello, toda mi adolescencia y el resto de mi vida fue difícil para mí.

Me había sentido rechazada, había sido maltratada física y psicológicamente y el dolor era muy intenso.

Nunca encontré mi lugar. No sabía cómo actuar al conocer a otras personas, era muy insegura y tenía miedo enorme a que me hiciesen daño.

Si quieres conocerme más detalladamente aquí puedes encontrar mi historia al completo.

Pasé toda mi vida creyendo firmemente que era posible vivir sintiéndose feliz, y yo era incapaz de conseguirlo.

Luchaba y luchaba para intentar llevar el control de mi vida, pero me quedé sin fuerzas y toqué fondo.

Inmersa en una gran crisis personal decidí seguir buscando respuestas, y al verme incapaz por mí misma pedí ayuda.

Me involucré con toda mi energía en mi proceso de desarrollo personal y autoconocimiento.

Los avances fueron bastante rápidos, iba descubriendo cosas, empezaba a gestionar mejor las situaciones, pasaban casualidades que me llevaban a nuevos descubrimientos.

Y un día, de repente me levante con una sensación de amplitud en el pecho, que no se bien describir, pero para mi, es mi libertad.

Qué es para mí la libertad

Me resulta muy difícil explicarlo, pero para mí, sentirme libre es una sensación de grandeza y tranquilidad. Cuando conecto conmigo la siento en mi pecho, cerca del corazón.

Es saber que las decisiones que tomo, las tomo sabiendo quien soy y lo que quiero.

Darme el permiso para ser yo conmigo misma y  con los demás.

Demostrar el amor y el cariño sin esperar nada a cambio, actuando como me dicte el corazón y sin pensar en si al otro le va a parecer mal.

Decir “NO” cuando así lo siento.

Haber entendido que yo (y todas las personas) soy amor, que hago las cosas con mi mejor intención. Que cuando actuó desde lo mejor de mí, lo que el otro sienta, no es mi responsabilidad.

Saber que puedo equivocarme y aprender de ello, pedir disculpas o rectificar cuando sea necesario. Aprender a no culparme ni machacarme, sabiendo que soy humana.

Estar convencida de que es posible soñar y conseguir mis sueños.

La libertad de superar el bullying

El bullying fue una gran marca en mi vida. Yo era consciente que tenía muchos problemas y a veces pensaba que podían estar relacionados con lo que viví. No obstante, no sabía el gran impacto que había sufrido por todo el maltrato vivido.

Pase muchos años temiendo encontrarme a las personas que me agredían por la calle.

Simplemente imaginar que pasaba por su lado ya me causaba ansiedad.

Tenía un gran odio hacia las personas que me maltrataron. Nunca entendí las razones que les llevaron a hacerme tanto daño.

Darme cuenta de que muchos de mis problemas provenían de este maltrato aún me produjo más rabia. Tenía claro que nunca iba a perdonar a quien me había causado tanto dolor.

Pero entonces empecé a conocer cómo funciona el bullying, y cualquier tipo de maltrato.

Investigué, leí y profundicé en el tema, y es cuando todo empezó a tener sentido para mí.

Funcionamiento del bullying

En los casos de bullying, normalmente el niño o niña agredidos son niños que antes de ser maltratados ya presentan alguna vulnerabilidad.

Por alguna causa tienen baja autoestima o son vulnerables en algún aspecto, que les hace ser más susceptibles de ser maltratados.

Yo ya era vulnerable antes de sufrir bullying, por diversas circunstancias que ahora sé perfectamente.

Por otra parte, el niño o la niña que agrede, tampoco es estable emocionalmente.

La agresora está sufriendo por alguna razón, puede que muy parecida a la persona a la que agrede.

La diferencia es que la forma de manifestarlo es totalmente contraria a la de la víctima.

Necesita maltratar y sentirse poderosa para sentir que ha encontrado su lugar.

Y probablemente nadie le ha explicado el gran daño que está haciendo a la persona a la que agrede. Por desgracia no existe la concienciación que se necesitaría en las escuelas.

Verlo de esta forma me hizo ver que las personas que me agredían estaban en problemas, al igual que yo.

Eran niñas (empezó con unos 8-9 años) y ellas también necesitaban ayuda.

Esto no quiere decir que apruebe o defienda lo que hicieron, ni a ningún agresor.

Pero sí pienso que, si algún especialista se hubiera ocupado de las necesidades de las dos partes, trabajando con nuestras familias, todo hubiese sido muy distinto.

Por ello pude perdonar y liberarme de toda la rabia para empezar a verlo desde la compasión.

Aquí te dejo la carta que le escribí a la persona que me maltrató que hice como ejercicio de autosanación.

Libre y fluyendo

Todo lo que había sufrido me hizo tener muchos problemas de confianza y seguridad en mi misma.

En la única faceta en la que siempre he tenido confianza en mí, ha sido en la profesional. De hecho, es en lo que me cobijé durante todos los años en los que mi vida fue tan complicada.

La primera vez que entré en consulta, estaba segura de que me conocía a mí misma. Sabía cómo reaccionaba ante las situaciones y qué se podía esperar de mí.

La sombra

Sin embargo, no conocía el concepto de la sombra.

La sombra son aquellas cualidades o características de ti misma que guardas en tu inconsciente porque un día entendiste que estaban mal o no eran correctas.

Pueden ser cualidades positivas o no tanto, pero forman parte de ti, y las estás rechazando. En ella hay aspectos potenciadores que también desconoces.

La sombra está pidiendo a gritos salir y lo hace poniéndote en evidencia en los momentos que menos lo necesitas.

La máscara

Te muestras al mundo utilizando una máscara, mostrando lo que piensas que es lo mejor de ti misma.

Esta máscara es una protección tras la que intentas esconder tus aspectos más vulnerables.

En mi caso, el sufrimiento de maltrato había hecho que me pusiera una máscara de mujer de hierro.

Quería mostrar que era fuerte, independiente y que podía con todo.

Esa era lo que intentaba mostrar, pero detrás de ello, no había más que una chica completamente muerta de miedo e insegura.

La máscara me vino bien para superar los años tan difíciles, pero llegó el momento de quitármela.

Me quedé sin fuerzas para seguir aparentando.

Mi vulnerabilidad

Por primera vez me di permiso para admitir mi gran vulnerabilidad, para dejar de luchar y dejarme fluir.

Hablé del bullying con algunas personas, pude empezar a expresar lo que había sentido.

Mostré lo que había en mí realmente, los años que me sentí perdida, y lo acepté.

Entendí que no tengo porque llevar el control de todo, que tras ello hay miedo al dolor.

Acepté que era una persona insegura, sin confianza en mí y me puse a trabajar en mis miedos.

Decidí que ya no quería ser una mujer de hierro y bajé el nivel, y empecé a mirarme hacia adentro, y a cuidarme como necesitaba.

Libertad de ser

Otra de las cosas que pensaba que tenía muy claras, era que me valoraba a mí misma, pero nada más lejos de la realidad.

A nivel laboral me valoraba, de hecho, siempre me fue muy bien en los trabajos y conseguí todos los puestos a los que me presenté.

Por ello yo creí que tenía una alta autoestima, porque era capaz de exigir que se me valorase lo que merecía.

Pues bien, esta era la única parcela de mi vida en la que yo me respetaba a mí misma.

Tuve que conocerme de verdad, aprender a cuidarme, a hacer lo que me gusta, y entender que tal y como soy todo está bien.

He cambiado cosas que no me gustaban de mí y podía cambiar, he aceptado las que no se pueden cambiar (algún rasgo físico, por ejemplo).

Sobre todo, me he dado permiso para ser. Para ser yo y expresarme con toda mi autenticidad.

 

Libre para tener seguridad en mi

Pensaba que no era suficiente buena para ser aceptada por los demás. Estaba convencida de que caía mal.

Continuamente entraba en bucles de pensamientos negativos, ahogándome en el “qué dirán” o “por qué he dicho esto”. Pasaba noches en vela sumergida en lo que pensaba que habrían opinado sobre mí.

Entonces entendí de que yo no soy responsable de lo que sientan los demás. Esto es lo que dice la ley del espejo.

Lo que tu sientes ante una situación, es solo tu interpretación de la realidad y no la realidad absoluta. Tu interpretas según tus vivencias, tus patrones y tus creencias limitantes.

Cuando alguien interpreta lo que tú dices y le provoca rechazo, si tú te sientes bien, es responsabilidad del otro.

Y esto, me da tranquilidad para poder expresar lo que siento.

Desde el miedo al rechazo que tenía, lo único que conseguía era mostrar una pequeña parte de mí, asustada e irreal.

Además, siempre pensaba que sabía lo que el otro había pensado y por supuesto era negativo hacia mí.

Ahora tengo claro que mientras yo actúe desde mi bondad, si alguien se ofende, no es mi responsabilidad.

Está claro que no puedo gustar a todas las personas, y que a veces me equivocaré, pero podré rectificar.

Poder ser yo misma sabiendo que tal y como soy está bien, es una gran liberación.

Libre para decir NO

Fui el paño de lágrimas de todas mis amigas, la que asistía a todos los eventos, y la que cuando piden un favor deja lo que sea para hacerlo.

Tuve que aprender a decir NO. Empecé a ponerme a mí por delante.

Opté por evitar juntarme con las personas que solo me quieren para que sea su paño de lágrimas y ni siquiera son capaces de preguntar “¿Cómo te va?”.

Poco a poco empecé a ir solo a aquellas cosas que realmente me apetecía. Antes pensaba que si me invitaban a algo y decía que no se enfadarían conmigo. También que, si iba todo el grupo y yo no, quedaría fuera de él.

Ahora puedo decir “no voy porque no me apetece” y quedarme tan a gusto.

Se trata de hacer aquello que quieres y saber que lo estás haciendo bien. Antes pensaba que sentaría mal, pero ahora sé que la mayor parte de las veces no. Y si a alguien le sienta bien, no es mi responsabilidad.

Si me piden un favor y estoy haciendo algo que para mí es más importante, puedo decir que no puedo, o que lo haré luego.

Por supuesto hay excepciones, si alguien te pide algo que no te apetece, pero sabes que para esa persona es importante, vas.

Pero no hay nada cómo por regla general, hacer lo que de verdad quieras hacer.

Libre para dedicarme tiempo

Si yo no estoy bien, ¿Cómo voy a dar mi mejor versión a los demás?

Pasaba el día trabajando, cuidando a mis hijos y haciendo las labores de la casa. Intentando ser buena en todo, sin abandonar a la familia y amigos.

Y casi muero en el intento.

Empecé a dedicarme tiempo, al principio dos horas a la semana para hacer deporte y 15 minutos cada día antes de dormir.

Puede parecerte poco, pero trabajando y con dos niños tan pequeños fue un gran logro.

Ahora intento tener tiempo para cuidarme, para pensar, para leer, para conectar conmigo y hacer las cosas que más me gustan.

No tengo todo el que me gustaría, pero sí que cuido mucho regalarme un tiempo a mí misma, pase lo que pase.

Liberarme conociendo mis potenciales

Siempre he sabido que era muy mala en los deportes, la que sacan un minuto al final del partido. Además, me resultaba imposible hablar en público y puesto que socializar se me daba tan mal, tenía claro que era una mala comunicadora.

Llegó el momento de ir a la universidad y no tenía ni idea de qué era lo que quería estudiar. Había estudiado bachillerato de ciencias y pensaba que podría estudiar aquello que me propusiera.

No tenía ni idea de qué escoger. Decidí ingeniera técnica informática pensando en que no me faltase trabajo.

Acerté, tuve una carrera profesional muy buena.

El problema es que desde el primer día supe que programar no me gustaba. Era algo que podía hacer bien, desarrollé la habilidad, pero me aburría muchísimo.

Cuanto más he disfrutado mi trabajo ha sido cuando he estado en puestos de gestión. Estando en contacto con gente, viajando y realizando varias reuniones diarias y en constante formación. Y seguía pensando que no servía para estar cerca de las personas…

Creencias limitantes

Cuando empecé mi autoconocimiento, empecé a darme cuenta de todas las creencias limitantes que tenía que me impedían conocer lo mejor de mí.
Estas son las principales creencias limitantes que eliminé:

Eres mala en los deportes.

No es así en todos. No soy la más rápida en una carrera, ni la mejor en un partido de baloncesto o vóley, pero sí que tengo resistencia.
Se me da bien la bicicleta, el pilates y el yoga, y tengo bastante eficiencia cuando entreno. Además saltando a la comba soy una crack 😉

Por lo tanto, solo se trataba de encontrar mis fortalezas y aceptar mis debilidades, en lugar de avergonzarme de ellas.

Eres incapaz de hablar en público.

Apenas podía hablar delante de 3 personas, de hecho en mi carrera universitaria solo expuse un trabajo del que no tuve escapatoria y lo hice con un grupo de compañeros. Lo pasé fatal y lo hice muy mal porque me puse muy roja y apenas me salia la voz.

Aunque aún me falta seguir practicando, puedo hacerlo, conecto con la gente y además se me da bien y me gusta.

¡Y lo he descubierto con más de 30 años!

Voy venciendo al miedo y comprobando que soy capaz.

Todos tenemos cierto miedo al exponernos, pero es cuestión de práctica, no de falta de capacidad.

No sabes comunicar.

Pensaba que nunca iba a poder comunicarme con otras personas efectivamente, por lo que siempre descarté profesiones en las que estar expuesta al público.

Estaba tan segura de que era incapaz…

Cuando más disfruté mi trabajo, fue cuando estuve en contacto constante con otras personas, y se me daba bien.

No me daba cuenta de que ayudar, gestionar, compartir, avanzar junto a otras personas era lo que realmente me llena.

Estaba perdiéndome lo que más me gusta, por creer que iba a ser incapaz e iba a ser rechazada.

¿Cómo iba a saber con 18 años cual era mi pasión si pensaba que lo que realmente son mis talentos eran mis defectos?

No debes brillar.

Esto era una creencia que arrastraba desde muy pequeña.

Me enseñaron que no levantase la mano siempre que supiese la respuesta.

También me dijeron que no saliese siempre a bailar la primera al escuchar música, y que no fuese centro de atención pues podrían cogerme manía…

En aquel entonces yo era una niña alegre, bailarina y soñadora y en algunas cosas, como todos los niños destacaba inevitablemente.

Pero aprendí muy bien la lección, y pasé el resto de mi vida convencida de que debía ser una más.

Por ello dejé de hacer muchas cosas, para no destacar. No mostré nunca mis talentos y por el camino, me olvidé de ellos.

Se me olvidó la creatividad que tenía. Ahora recuerdo que escribía bien y me encantaba dibujar.

Perdí gran parte de mi potencial y pasé toda mi vida intentando pasar desapercibida.

Inseguridades y bucles me invadían constantemente ¿He hablado de más? ¿Habrán pensado que soy una flipada?

Era incapaz de mostrarme tal y como soy.

No eres suficiente

Siempre me acompaño el sentimiento de que no era lo suficientemente buena. El miedo al rechazo, y sobre todo el dolor que me ocasionaría ser rechazada marcaron mi vida y por ello dejé de soñar.

Pasé años pensando que no había salida, que me había tocado vivir aquello y que pasaría mi vida insegura, luchando y sintiéndome sola.

Hasta que pude romper esta barrera y darme cuenta de que sí que valgo. Tengo mis virtudes y mis defectos, pero soy capaz de muchas cosas.

He tenido que aceptarme tal y como soy. Con lo que me gusta y con lo que no me gusta. Realizando cambios en aquello no me gustaba y podía cambiar y en constante desarrollo.

Todas las personas somos excepcionales, cada una brillamos en algo (falta que lo sepamos y lo utilicemos).

Todas somos muy válidas, cada una en unos ámbitos. El problema es que estamos condicionadas por nuestro sistema de creencias que muchas veces no nos dejan ver ni la mitad de lo que somos capaces.

En la vida hay que luchar.

Crecí en una familia de nivel económico medio.

Mi padre era un trabajador que hacia doble turno trabajando de sol a sol y mi madre iba realizando distintos trabajos en almacenes o de limpiadora mientras cuidaba de la casa y de nosotras.

Nunca me faltó nada, pero siempre he escuchado lo que nos costaba llegar a final de mes, nunca hemos ido sobrados.

Creía que siempre iba a ser una trabajadora, luchadora para ganar un sueldo medio y pasar el mes.

Ello hacía que tuviese una mala relación con el dinero. Estaba convencida de que la vida se trataba de luchar.

La época que estuve en Alemania, gané más dinero que nunca. Lo pasaba fatal al hablar con las personas y contar por ejemplo alguno de los viajes que realicé o cosas de mi trabajo.

Creía que les sentaría mal.

También me pasaba al revés. Cuando una persona con un nivel económico más alto que yo me contaba cosas como su nuevo cochazo, o de su tipo de vida tan distinto de la mía me parecía que me vacilaba, y de primeras, me caía mal.

Y el problema era solamente mío.

No era consciente de las creencias limitantes sobre el dinero y abundancia que tenía.

Ahora creo que cada uno se queda en el nivel que cree que es capaz de alcanzar.

Ya no tengo prejuicios con las personas que tienen más dinero que yo. He entendido que las personas hablan de su vida y las cosas que hacen de forma normal, era yo quien estaba limitada.

Si quieres saber algo más sobre esto, te dejo este libro de Raimon Samsó, “El código del dinero”. Con él empecé a cambiar mis creencias sobre el dinero y la libertad financiera.

¿Cómo iba a saber qué quería en mi vida con todos estos condicionamientos?

Como ves, todas estas limitaciones sumadas al miedo al rechazo, al fracaso y al dolor, me imposibilitaron saber cuáles eran mis talentos y tener claro qué quería en la vida.

Tuvo que ser a los 30, cuando al conocerme de verdad y reprogramar mi mente eliminando las creencias que me limitaban pude descubrir quién soy.

Dar a mis hijos la libertad que merecen

Si has sufrido bullying y eres o quieres ser madre, el mejor regalo que puedes hacer a tus hijos es sanarte a ti misma. Solo de esta forma les podrás ofrecer tu mejor versión.

Sanarse a una misma es algo que todas deberíamos hacer. La maternidad es algo muy importante. La única forma de dar lo mejor de ti es haberte ocupado de la niña herida que habita en ti.

Empecé mi proceso al ser madre de mi segundo hijo. Unos años muy intensos en los que pasaron demasiadas cosas y me quedé sin fuerzas. Todo a mi alrededor estaba mal y lo único bueno eran ellos.

No podía ofrecerles esa versión de mí. No podía apoyarme en ellos, ni merecían verme llorar por los rincones, es una madre quien tiene que apoyar a sus hijos.

Quería educarles desde el respeto, y aprender a acompañarles para que tuvieran lo que yo no tuve.

Pero lo único que hacía era proyectar mis miedos y limitaciones en ellos.

Los niños no aprenden lo que les enseñas, no vale de nada fingir, ellos te aprenden a ti. Saben perfectamente cuando las cosas no van bien y aprenden a hacer exactamente lo que tú haces, aunque trates de evitarlo.

Ahora, sé que les estoy dando mi mejor versión y esto me hace sentir feliz.

Ahora mismo ven a una madre libre, viviendo su forma de vida. Aprendiendo constantemente y esforzándose por conseguir vivir a su manera.

Además, especializarme en el ámbito infanto-juvenil hace que haya aprendido como acompañarles.

Por supuesto hago muchos fallos, sobre todos en días de rabietas y cansancio acumulado. Lo importante es que me doy cuenta, voy aprendiendo, rectificando y poco a poco a haciéndolo mejor.

La maternidad es un aprendizaje constante, se trata de dar lo mejor de ti e ir aprendiendo por el camino.

Intentaré que conozcan sus verdaderos talentos y que puedan elegir una profesión con la que disfruten cuando les toque elegir. No me importará si van o no a la universidad.

Simplemente les intentaré apoyar para que encuentren aquello para lo que han venido al mundo y creen su propia forma de vida.

Lejos de los estereotipos y cerca de su alma.

Libre para elegir cómo vivir

Recuerdo hace unos años, exactamente en 2013 cuando viajé a Costa Rica. Fue un viaje de casi un mes de duración donde pude conocer la forma de vida del país y disfrutar de sus maravillas.

Pura vida.

Las personas allí viven al día, se preocupan por comer ese día, y poco más. Viven tranquilos, sin correr para llegar a todo. Cuando les pides algo te contestan “ahorita mismo” que allí es un adverbio de tiempo indefinido, pues pueden ser 5 minutos, 1 hora o varios días.

David (mi pareja) y yo reflexionamos mucho sobre la forma de vida que llevamos, y nos dimos cuenta de que generalmente, lo tenemos muy mal montado.

Pasas unas 8 horas de media en el trabajo, cuidas de tus hijos, de las tareas del hogar, de la familia e intentas llegar a todo y hacerlo bien.

Tienes una gran lista de cosas que te gustaría hacer, pero no tienes tiempo.

Apenas tenemos 30 días de vacaciones al año en las que tratamos de desconectar y vuelta a empezar.

Nosotros sabíamos que no queríamos vivir así, pero si no nos tocaba un buen premio de lotería, no veíamos otra salida.

Ahora sí la veo. No creo en el sistema tal y como está montado así que cuando sentí la libertad en mí, decidí que iba a hacer todo lo posible por vivir a mi manera.

Empecé a crear Feliz sin Bullying mientras continuaba trabajando en el banco, seguí formándome, leyendo, aprendiendo todo lo que podía.

Finalmente, a finales de enero terminé mi trayectoria como informática cerrando una etapa de más de 12 años.

Mi sueño

Ahora, estoy centrada en este proyecto, y en poco tiempo hemos formado una comunidad maravillosa.

Estoy ayudando a mujeres valientes a cambiar sus vidas, a conocerse y a ser quien de verdad quieren.

De momento invierto muchas horas en el proyecto, creando nuevos contenidos y actividades. También sigo formándome. Disfruto cada minuto que paso metida en ello y por primera vez en mi vida, siento que estoy cumpliendo mi proposito.

Mi objetivo es poder consolidar Feliz sin bullying. Poder seguir trabajando con personas que han sufrido bullying, y además con niños y familias que ahora mismo lo sufren.

Quiero ser libre de elegir mis horarios y el lugar donde trabajo, tener tiempo para mí y para mi familia.

Vivir siguiendo mi propio estilo de vida.

Saber que estoy en el camino y estar completamente segura de que lo voy a conseguir me hace sentir en plenitud, y absolutamente LIBRE.

Conclusiones

En este artículo te he contado los puntos fundamentales de todo lo que cambié en mi vida.

Todo esto fue lo que supuso conocerme y realizar mi proceso de desarrollo personal.

Lo comparto contigo porque puede que tengamos una parte en común y quiero que sepas todo lo que puedes conseguir.

TU TAMBIÉN PUEDES HACERLO

Puedes deshacerte de todos los bloqueos, patrones y creencias que te impiden desarrollarte y vivir la vida que quieres.

No es fácil, ni se hace en un día, pero para mí, si tuviese que definir en una palabra el resultado de todo el proceso y todo mi esfuerzo, seria…

LIBERTAD

En la foto del artículo te muestro el tatuaje que me hice hace poco en el brazo. “Lliure” significa libre en mi lengua natal.

Hubo un día en que de repente me sentí muy contenta porque me di permiso para ser yo, completamente yo, con todo lo que ello implica.

Esto fue un “Click” mental de los que van ocurriendo cuando te encuentras en un proceso de este tipo.

Me sentí eufórica y emocionada, pero pensé que debía esperar unos días, por si era la euforia del momento.

Afortunadamente esta sensación no me abandonó, y me sigue acompañando cada día, cada mañana cuando me levanto. A lo que le sigue una gran sonrisa.

La mejor sensación que he experimentado en mi vida, la libertad, con todo lo que ello implica para mi.

Esperé mucho tiempo a tatuarme la palabra, pero habiendo comprobado que sigo sintiéndola en mi cada día, después de tanto tiempo, sé que ya forma parte de mí.

Y hasta aquí

En este artículo he desnudado mi alma, y no es algo que me resulte fácil…

Si resuena en ti todo lo que has leído, espero que tú también te decidas a conquistar tu propia LIBERTAD.

¿Crees que tienes en común conmigo algunos de las cosas que te he contado?

¿Eres una mujer realmente libre o te gustaría alcanzar la libertad?

Escríbeme en los comentarios si este artículo ha despertado algo en ti.

¡Mil gracias por leerme!