Hace justo un año de que Feliz sin bullying vio la luz. Para mí ha sido un año de crecimiento, de mucho trabajo, formación y a su vez crecimiento y felicidad.

Hemos formado una comunidad de más de 3000 personas que sigue creciendo y todas las personas que formamos parte de ella tenemos algo en común.

Buscamos las respuestas y los recursos que necesitamos para poder vivir felices y en plenitud.

He querido escribir este artículo, para celebrar este año tan especial, en él desnudo mi alma y te cuento como nació todo. No solo cómo nació Feliz sin bullying, sino cómo fue el proceso que me llevó desde una vida vacía como ingeniera informática, a dejar mi carrera de éxito para reconvertirme profesionalmente para ayudar a personas a que puedan vivir felices y realizadas.

Mi vida como informática

Desde que empecé a trabajar como ingeniera informática, allá por 2006, siempre quise trabajar en un lugar concreto. Era una caja de ahorros en mi ciudad. Pensaba que ese trabajo me aportaría seguridad, tranquilidad y una estabilidad para poder formar una familia y vivir tranquila.

Por el camino trabajé en grandes bancos en Barcelona, Alicante, Madrid y Alemania.

Aunque tuve puestos de trabajo muy buenos, nunca disfruté de mi trabajo realmente, hasta que estuve en Alemania.

No me apasionaba lo que hacía, me aburría y aunque se me daba bien, no me sentía nada realizada.

En Alemania todo fue distinto, pues aquí, por primera vez dejé de programar. Y me dediqué a tareas de coordinación, de preparación de software. Siempre estaba en contacto con muchas personas y aquí sí puedo decir que disfruté mucho en mi trabajo.

La maternidad y otros asuntos personales hicieron que decidiese dejar aquel país y volviese a España.

Y tuve que empezar desde cero.

Ya de vuelta a España, y con un bebé fui encontrando buenos trabajos, incluso a algunos tuve que decir que no.

Mi familia creció al ser madre de nuevo y fue pasando el tiempo, y cuando llevaba poco más de un año en un nuevo puesto, cuando no lo esperaba, me llamaron para trabajar en esa caja de ahorros que siempre anhelé.

Decidí cambiar de trabajo de nuevo. Por fin, tras 11 años, había logrado mi sueño.

 

Cuando mi vida me quedaba pequeña

Estaba muy contenta al principio. Tenía un buen sueldo, una seguridad, unos compañeros fantásticos, ¿Qué más podía pedir?

Pues todo, aunque parezca increible…

Al muy poco de entrar en ese nuevo trabajo empezaron a pasar cosas en mi vida y yo cada vez me sentía peor.

Y me vi inmersa en una gran crisis personal, que me tumbó, me dejó ko. Me quedé sin fuerzas, y no veía la salida, la forma de salir de ahí.

Pero decidí no rendirme, pues yo siempre he estado buscando respuestas y soluciones. Creía firmemente que, aunque yo no sentía que lo hubiese sido nunca, vivir feliz es posible.

Así que busqué ayuda por parte de una profesional.

 

El inicio de mi proceso de crecimiento personal.

 

Recuerdo que el primer día, en el que Carmen Boix, la coach que me ayudó, ahora ya una gran amiga, me hizo hacer una rueda de la vida, para valorar las distintas áreas de mi vida.

Puntué mi vida laboral con un 8. Lo tenía todo, ¿Qué más podía pedir? La estabilidad que nunca había tenido era mía.

El proceso empezó trabajando en mi autoconocimiento, descubriendo quien soy. Alucinando de darme cuenta que cosas que creía negativas eran grandes potenciales que tengo y estaba desaprovechando.

Me centré en mí, porque hasta ese momento estaba al servicio del mundo y me había olvidado de mi existencia.

Empecé a incorporar nuevos hábitos en mi vida, a buscar tiempo para realizar aquello que amo y me hace sentir bien y que había dejado de hacer.

Y poco a poco fui sanando heridas, soltando toda la carga emocional del pasado y sintiéndome mejor.

Empecé a quererme, a creer en mí y a permitirme la libertad de ser yo. Porque solo yo me estaba privando de ella a base de creencias limitantes y miedos.

Y entonces llegó un día en la que volví a realizar mi rueda de la vida, y ese 8 en el terreno laboral se había convertido en un 3.

 

Descubrir que tu sueño, no es tu sueño

 

Me di cuenta, que aquello que había conseguido, lo que había buscado durante tanto tiempo, no era mi sueño. Era lo que yo había creído que cualquier persona tenía que hacer.

Era lo que pensaba que hacía a cualquier persona feliz, esa estabilidad y seguridad.

Desde pequeña, había creído que tenía que estudiar una carrera con futuro profesional. Para después tener un buen trabajo fijo. Comprar una casa, formar una familia y tener una vida tranquila y estable.

Y va y me doy cuenta que para mí la incertidumbre es apasionante y la monotonía me aburre.

Que yo he venido al mundo para crear, para aprender y emprender nuevos retos y haciendo eso es con lo que realmente disfruto.

Porque o voy evolucionando y crezco o me aburro.

Estaba muriendo en vida en ese trabajo, no me pasaban las horas, y ni siquiera conseguía ser productiva por mucho que lo intentase.

Entonces entre en un gran dilema. Por una parte, intentando callar esa voz que me decía “sal de aquí”, intentando dar el callo y ser una buena trabajadora. Por otra parte, iba buscando ideas en mi cabeza, en Internet, personas que me inspirasen… opciones que me llevasen lejos de la informática.

 

¿Qué iba a hacer con mi vida?

Paralelamente al dilema laboral, seguía realizando mi trabajo de desarrollo personal, leyendo y asistiendo a conferencias.

Eliminando creencias, conociéndome más y poco a poco las piezas del puzle empezaban a encajar.

Me di cuenta, de que a pesar de que tuviera pendiente por solucionar el tema laboral, yo había cambiado por completo. Había pasado de ser una víctima de la vida a tomar las riendas de mi vida. Me quería, podía ser yo misma haciendo lo que me gustaba, era una persona segura, sabia gestionar mis emociones…

Y sentí la necesidad de compartir esa transformación con todas las personas que lo necesitasen. Era tanto lo que sentía que había conseguido, que necesitaba gritarlo a los 4 vientos.

Así que de repente tuve clarísimo mi propósito de vida.

Quería ayudar a todas esas personas que sienten que quieren ser felices y no saben cómo lograrlo. Porque ahora yo ya sabia la forma de conseguirlo.

Quería ayudar a aquellas que están en crisis y no encuentran la salida o simplemente a cualquier persona que quiera vivir mejor.

También quería poder acompañar a niños y adolescentes a encontrar su propósito de vida, y darles herramientas para que puedan ser adultos más felices.

Ahora tenía que ver cómo lograrlo.

Camino a la libertad

Cayó en mis manos un libro, El código del dinero, de Raimon Samsó, que marcó un nuevo punto de inflexión para mí.

Empecé a leer sobre libertad financiera y a trabajar en esa parte de mí que había creído en esa vida estable. Además, identifiqué un montón de creencias sobre la seguridad laboral y sobre el dinero que tuve que cambiar.

Y entonces un día, buscando en Internet, encontré una web, de un tío, que se pasaba la vida viajando. Vivía dando la vuelta al mundo. Trabajaba duro dos días a la semana, y el resto disfrutaba de la vida junto a su pareja.

Tenía una escuela en la cual podías a aprender desde cero cómo montar un negocio online.

Y lo que más me gustó de él, es que, aunque explicaba que al principio había que trabajar muy duro, es que él no era un esclavo de su negocio. Era dueño de su vida, y de su tiempo. Podía elegir cuando trabajar y enseñaba a las personas a crear un negocio para vivir en libertad.

Inmediatamente me dije que eso era lo que yo quería, la libertad de poder elegir el qué, cuando y donde.

Así que empecé a pensar qué sabía yo, qué podía aportar al mundo. Me pase toda mañana leyéndole, se llama Antonio G. y lo puedes encontrar en Inteligencia Viajera. Vi que ofrecía una mentoría en la que trabajabas con él durante un año y ese mismo día decidí contratarla.

Recuerdo que era miércoles, y después de esa mañana metida en Internet en mi trabajo tenia sesión con Carmen.

Cuando llegué le dije: “Ya sé qué es lo que voy a hacer…”

 

Obstáculos, miedos e inseguridades

Parecía un sueño muy loco, pero cada vez que lo imaginaba me hacía vibrar. Por una parte tenía muy claro que era lo que quería, pero por otra, el miedo a fliparme y pegarme un gran tortazo estaban ahí.

Además, ¿Cómo le decía yo a mi marido, que ahora que ya teníamos eso que había perseguido tantos años lo dejaba por completo para embarcarme en algo que todavía no sabía ni qué iba a ser?

¿Cómo me gastaba un dinero que ni siquiera tenía en algo tan loco?

No solo tenía que enfrentarme a mis miedos, si no que tenía que nadar contra corriente, porque a todos les costaba creer lo que les contaba.

“¿Estas segura? ¿No te estarán estafando?, me parece algo que solo logran algunos”

“Ahora que ya estas tranquila en este trabajo… ¿Por qué no lo disfrutas y disfrutas de tu familia?”

Estaba cagada de miedo, pero segura de que tenía que hacerlo. Así que me tiré a la piscina y durante meses estuve formándome como coach, creando el negocio y trabajando. Todo esto mientras cuidaba de dos niños pequeños.

Al principio no sabía por dónde empezar, tenía que empezar dirigiéndome a alguien concreto y tenía tantas ideas… entre ellas estaba el bullying, pero era un tema que me daba miedo tocar. La primera vez que hablé con Antonio, le comenté las ideas que tenía y él me dijo “habla de bullying”.

Tras esa conversación me quedé con un sabor agridulce. Había sanado mi pasado y el acoso que sufrí, pero nunca había hablado a nadie de ello, ni mucho menos de las consecuencias que había sufrido en mi durante toda mi vida.

Pero luego tras un rato…

 

Lo vi claro

¿Cuántas personas habría en el mundo que tras haber sufrido acoso escolar viviesen marcadas por esa experiencia? ¿Cuantas personas habría intentado ser felices sin saber entre otras cosas la sombra del bullying se lo estaba impidiendo? ¿Cuánto me hubiera gustado a mi saber mucho antes todo lo que ahora sabia? ¿Cómo hubiese cambiado mi vida si alguien me hubiese ayudado a sanar las heridas que el acoso escolar dejó en mí?

Porque yo sabía que las cosas no iban bien en mi vida, pero nunca encontraba el motivo. Y no lo conocí hasta que en mi proceso de autoconocimiento empecé a tirar del hilo y abrí la caja de Pandora.

Ya estaba claro, porque, aunque ya había aprendido mucho, tenía que empezar a formarme mucho más, iba a ayudar a otras personas a lograr, lo que yo ya había logrado.

Esos meses apenas dormía, me acostaba a la 1 o las 2 de la mañana y me levantaba a las 6 para adelantar en mi proyecto un rato más. Despertaba a los peques los llevaba al cole, trabajaba en el banco. Dos días a la semana iba a casa y trabajaba un rato más en mi proyecto. Recogía a los peques, pasaba la tarde con ellos y cuando se dormían seguía trabajando en mi nueva vida.

Los sábados me levantaba a las 6 de la mañana y trabajaba hasta medio día, y algunos domingos también.

No sé cómo lo hice, pero tenía una energía tremenda. Quería lograrlo y esa era la única forma.

Hubo momentos duros, en los que miedos e inseguridades volvían. También remordimientos por no quedarme tranquila y sentirme a veces mala madre al no estar dedicando todo mi tiempo a mis hijos.

Más creencias limitantes

Entonces tocaba enfrentarse a fantasmas cómo:

  • Que egoísta eres, solo estás pensando en ti.
  • Te estas gastando un dinero que aún ni tienes para conseguir algo que no sabes si va a funcionar.
  • Deberías pasar mucho más tiempo con tus hijos, pensar más en ellos y no en ti.
  • Estas anteponiendo tus sueños al bienestar de tu familia.
  • Porque no te has quedado donde estabas si era un lugar tranquilo.
  • ¿Y si fracasas?

Pero siempre, me acompaño una voz muy dentro de mí, que me decía que estaba haciendo lo correcto.

Era mi brújula interior.

Había aprendido que la relación más importante que existe, es la que tenemos con uno mismo. Y solo cuando te llevas bien contigo, te cuidas y te respetas, estás en disposición de dar lo mejor a los demás.

Me di cuenta, que lo mejor que podía hacer por mis hijos, era seguir, demostrarles que nunca es tarde, que siempre se puede lograr. Enseñarles que cuando alguien descubre su propósito debe seguir su instinto hasta conseguir realizarlo.

Ahora sé, que cuando el día de mañana les cuente mi historia, verán en mí una mujer que ha conseguido sus sueños, una mujer libre. Una mama que, tras mucha búsqueda, consiguió encontrar quien era y se esforzó por conseguir realizar su propósito de vida.

Una mama mucho más consciente, que se habrá preocupado para que ellos sean libres y tengan herramientas para que no se desconecten nunca de quien han venido a ser.

Y cuando te das cuenta de esto, te das cuenta de que sí, estaba pensando en mí. Pero que yo viva feliz es el mejor regalo que puedo hacer a los que amo.

 

Noviembre de 2019

Tras meses de trabajo, formación, creación de la web… Por fin Feliz sin bullying salió a la luz.

Nunca había contado detenidamente todo lo que viví, y decidí hacerlo tanto en mi web, como en uno de mis primeros artículos.

Recuerdo cómo lancé un viernes.

Me llamó mi hermana, habló conmigo mi prima. ¿Todo eso paso Ana, por qué yo no lo sabía?

Me escribieron amigas de la infancia, de la adolescencia, me paraba gente por la calle… La verdad es que quise escribir todo para ayudar a las personas que se pudiesen sentir identificadas, nunca pensé que se correría la voz en mi pueblo.

Nunca había contado todo esto, porque en parte siempre me había avergonzado de ello y la verdad es que sentí una gran liberación al hacerlo. Era yo, era mi vida.

De repente empezó a llegar gente a la comunidad, empecé a recibir correos de personas que se identificaban con mis palabras. Empecé a conocer a personas que creían que eran las únicas en esa situación y se sentían solas y que leerme les había dado esperanza.

Y entonces supe que estaba en el camino correcto.

Yo sabía cómo ayudarles, y sabía todo lo que puede llevar a una vida una transformación de este tipo, porque la he vivido en mí.

 

No todo sale bien a la primera

Aunque este ha sido un año maravilloso, también ha sido un año de trabajo muy duro, de mucha formación y de persistencia.

He tenido que hacer “Tetris” para tener tiempo suficiente entre familia – trabajo y sinceramente, me ha faltado tiempo para las dos. Así que he tenido que aprender a gestionar mis emociones y a saber que una puede hacer hasta donde puede, y que, si no tarda un año a implementar algo que quiere, tarda dos, y no pasa nada.

Ha habido momentos de bajón, lanzamientos que no han funcionado… Pero también ha habido éxitos que celebrar, tanto míos, como de alumnas y clientes que han cambiado sus vidas y han hecho que lo celebre como si fuesen éxitos propios.

En ocasiones he tenido que parar a escucharme. He tenido semanas de estar nerviosa, desconcentrada y ahora sé que esto pasa en mi vida cuando toca ajustar el rumbo.

Ha habido y sigue habiendo miedo. A no tener un suelo el próximo mes, a que algo que me cuesta trabajo no funcione…

Pero también ha habido muchas satisfacciones. Y sobre todo, la convicción de que aunque puede que me cueste un año, o dos, o lo que sea, algo que se hace desde el corazón, desde el amor más profundo, solo puede acabar funcionando.

 

Cuando dejé mi trabajo

En las pasadas navidades, decidí que ya no podía más.

Necesitaba dedicar más tiempo a la comunidad de Feliz sin Bullying, quería crear un montón de cosas, y no podía tener dos trabajos a la vez.

Además, mi motivación en el banco estaba por los suelos y lo pasaba muy mal. Era completamente incapaz de concentrarme y ser una buena trabajadora como siempre he sido.

Así que, al empezar el año, hablé con mi jefe y le dije que no quería seguir. Me costó muchísimo. Me dio mucha pena, me sentía mal por no haber dado el callo, pero mi cabeza no daba para más.

Así que tras muchas lágrimas y agradecimientos a todas las personas que me trataron tan bien, dejé mi trabajo como informática.

Aquel 27 de enero me sentí feliz. Acojonada, pero feliz.

En parte no podía creer lo que había hecho.

Personas que me querían tampoco lo tenían muy claro, siempre me preguntaban ¿Y si te va mal? A lo que yo contestaba, es posible que tarde tiempo, pero estoy segura que antes o después saldrá bien.

¿Sabes? Es tener algo en ti que te dice que no va a ser fácil, que va a ser largo y duro, pero que funcionará.

Hasta ha cambiado mi armario

Recuerdo que cuando llegó primavera e hice el cambio de armario decidí dar toda mi ropa de mi trabajo. Era ropa de oficina, no era para nada mi estilo y no quería llevarla nunca más.

Además, en verano pasaba tanto frio allí sentada que tenía que trabajar en manga larga y pantalón largo. ¡No tenía ropa cómoda, mona y fresca de verano!

Recuerdo que mi madre me dijo que la guardase, por si algún día volvía a trabajar en oficina y le dije que no. No quería contemplar esa posibilidad y solo por ello di toda mi ropa, a pesar de estar nueva.

Ahora soy tan yo, que hasta puedo vestir cada día como me da la gana. Igual trabajo en chándal que con un vestido. Depende de cómo me levante.

Y algo que me encanta es calzarme mis bambas y mi sudadera para los talleres con niños y adolescentes.

Imagina si era tan poco libre, que ni tan solo podía vestir cómo me siento bien.

 

Trabajar en lo que te apasiona

¿Has escuchado alguna vez eso de que cuando uno trabaja en lo que le apasiona ya nunca más trabaja?

Esto es algo que yo siempre anhelaba sentir.

Y ahora que lo tengo, puedo decirte que es cierto y que a su vez no lo es.

Porque cuando te apasiona lo que haces, disfrutas el proceso, las ideas, las cosas que vas llevando a cabo y los logros que consigues.

Pero trabajas a todas horas, hasta soñando. Porque igual me acuesto una noche y me levanto con nuevas ideas. Porque cuesta desconectar, porque en tu tiempo libre lees para crecer, pero también para compartir lo que aprendes… Porque te apuntas a un seminario, y a otro, y luego haces un máster.

Y al final, estas disfrutando, pero también trabajando.

Pero eso sí, por primera vez en mi vida, me da igual que sea lunes o sábado. Me gustan los fines de semana porque estoy con mi familia (aunque últimamente he estado muchos de formación).

Peroooo… Llega el lunes, y soy feliz. Sé que voy a estar trabajando todo el día, porque los lunes son los días que aprovecho para hacer más horas. Y no me sabe mal, todo lo contrario, disfruto haciéndolo.

Este lunes pasado fue fiesta en mi pueblo, y mi pareja les dijo a mis hijos que esta era una buena semana, porque se trabajaba un día menos. Me alegró mucho pensar que, aunque disfruté mucho del día festivo con ellos, por otra parte, me hubiese gustado trabajar el lunes y tener más tiempo para preparar lo que estoy haciendo, porque me encanta.

¿No sería genial que no te diese nada de pereza empezar la semana?

 

Un año viajando hacia mi sueño

Voy a contarte cual es mi sueño, la meta que veo ahí a lo lejos, pero que a su vez cada vez siento más cerca.

Es algo que soñaba de niña, y que alguna vez dejé de creer que era posible cumplir porque era algo irreal.

En mi mente veo cómo mis hijos acaban el colegio, y al día siguiente estoy en el aeropuerto con ellos y mi marido. Vamos a coger un vuelo a algún destino lejano, puede que África, quizá sea en Asia o Centro América.

Nos vamos unos meses a compartir nuestros conocimientos, nuestra cultura y nuestro amor con personas a las que podemos aportar valor.

Me llevo mi negocio en la mochila, pues desde el ordenador podré seguir trabajando cuando lo necesite, pero tendré mucho tiempo para dedicar a mi familia y a la comunidad en la que compartamos ese tiempo.

Y esa es la imagen que hay en mi cabeza, constante, una y otra vez.

Quiero ser libre para poder trabajar desde donde quiera y seguir ayudando a personas a que sean felices. Y, además, me encantaría poder pasar una larga temporada cada año en algún lugar en el que pueda ayudar a otras personas. Y a su vez enriquecerme, nutrir mi alma y aprender de ellos.

Creo que para mis hijos sería un gran aprendizaje de vida. Vivir en lugares donde no se vive a contra reloj, donde las preocupaciones son otras…

Así que esto es algo a largo plazo, que me encantaría que en verano del 2021 se haga realidad.

 

Los logros en estos 365 días

Como ya he comentado, no todo ha sido fácil este año, ha habido éxitos y también cosas que no han funcionado. La parte buena es que en muy pocos momentos me he desanimado, sino que he aprendido y seguido hacia adelante.

Este año para mí ha sido un año de aprendizaje brutal.

Lo que he conseguido para mi

He aprendido a crear un negocio online desde 0, creando la web, aprendiendo a utilizar un montón de herramientas… He aprendido sobre SEO, sobre marketing, sobre procesos de venta, redes sociales. Y aún me queda muchísimo porque sé lo justo sin llegar a dominar nada.

Además, me he estado formando para seguir avanzando como coach. Un máster, Inteligencia emocional, coaching infanto-juvenil, PNL… Y cada vez descubro nuevas posibilidades en las que necesito adentrarme porque me van ayudando a ser mejor profesional.

He traspasado barreras que nunca creí posibles, como dar una conferencia ante 200 personas, o compartir vídeos a menudo con la comunidad.

Recuerdo que el primer vídeo que realicé hace justo un año, me costó casi 3 horas para tan solo 4 o 5 minutos de vídeo. Ahora ya salen solos…

He leído un montón de libros, visto documentales, asistido a seminarios… ¡Hasta estuve en Londres con Tony Robbins!

Y claro, formarte para ayudar a otras personas no es como estudiar matemáticas. Es una formación que se aprende viviéndolo en las propias carnes. Así que mi proceso de desarrollo personal ha seguido su marcha, descubriendo más sobre mí, cambiando más creencias… Encontrando nuevos aspectos a trabajar, mejorando como persona y siendo más consciente y más feliz.

Aprendiendo herramientas que primero han sido útiles para mí, que ya aplico con mi familia y en mi día a día y con las personas con las que trabajo.

Un año de crecimiento laboral pero también un crecimiento personal inmenso.

Lo que han conseguido las personas que han trabajado conmigo

Durante este año, he trabajado con muchas personas.

En la comunidad hemos realizado retos por los que han pasado más de 300 personas, realizando un trabajo brutal. En ellos, han empezado a tener claridad sobre sus vidas, a conocerse, a entender que debían de hacer para avanzar.

He realizado sesiones 1:1 de coaching con personas tanto adultas como niños y adolescentes obteniendo resultados maravillosos.

Y también, algo de lo que estoy disfrutando en grande, he empezado a realizar talleres de niños y adolescentes. Talleres en los que aprenden herramientas para ser más felices, para gestionar sus emociones y para sepan quien son y para qué han venido al mundo.

He creado el primer programa creado exclusivamente para ayudar a personas que han sufrido bullying. Se llama Píldoras de libertad, y en él, muchas valientes han logrado cambiar sus vidas:

  • Encontrándose a sí mismas, empezando a respetarse, a escucharse.
  • Sanando las heridas del pasado y todo lo relacionado con el bullying que vivieron.
  • Han aprendido a gestionar sus emociones.
  • Han puesto luz a sus sombras aceptando quienes son.
  • Identificando sus creencias limitantes y empezando a cambiarlas.
  • Poniendo claridad en su vida y definiendo quien son y hacia dónde quieren caminar para alinear lo que hacen con lo que realmente quieren.

Confío plenamente en este programa, ya he comprobado que funciona y espero que en los próximos meses llegue a muchas más personas.

 

Y ahora, lo que quiero es viajar contigo

 

Durante todo este tiempo he visto cómo las personas que participaban en los retos, avanzaban muchísimo invirtiendo un pequeño tiempo a día.

Llegaban a grandes tomas de conciencia y al terminar, quedaban con ganas de seguir.

Además, soy consciente de que el desarrollo personal es algo que necesitaría cualquier persona, no solas aquellas con un pasado difícil.

Todos tenemos creencias que nos limitan, miedos, inseguridades… Y qué liberador es cambiar aquello que nos limita y descubrir nuestro poder interior.

Porque empiezas a ver la vida con otros ojos.

Así, que con motivo del primer aniversario de Feliz sin bullying, me encantaría invitarte a Un Viaje Hacia Ti.

Se trata de un viaje que empieza en breve, y en el que encantaría tenerte como compañera.

Es un viaje para conocerte a ti misma, para aprender sobre la vida, para conectar contigo y para crecer.

Hablaremos de todo tipo de temas que te permitirán llegar hasta definir tu propósito de vida, para que puedas elegir cómo vivir.

Y por lo tanto sentirte más feliz y realizada.

Será un lugar donde cada semana nos sentaremos a hablar, a reflexionar, a compartir como van nuestros procesos de crecimiento personal.

Un lugar donde puedas acudir cada vez que quieras encontrarte contigo, donde podrás nutrir tu cuerpo, tu mente y sobre todo tu alma.

Justo esta próxima semana saldrá a la luz, y si no quieres perderte nada, puedes apuntarte a la lista prioritaria desde aquí: Un viaje hacia ti

 

Conclusiones

 

He tardado casi 30 años en encontrar mi camino en la vida.

Por fin hoy puedo decir que hago aquello que amo, y que camino hacia las que ahora sí son mis propias metas.

No soy capaz de explicar con palabras la sensación que se siente, cuando sabes que tu rumbo es el correcto.

Cuando sientes que has encontrado tu brújula interior y que ella te está guiando.

Sabes quién eres, conoces tu propósito (el tuyo propio, el de verdad) y empiezas a actuar haciendo eso que amas y que te lleva a tu realización y felicidad.

Esto es lo que yo siento, y lo que estoy experimentando.

Y no es fácil, porque tengo mucho trabajo, y sí, te confieso que sigo corriendo para llegar a todos sitios.

Esto es algo que quiero cambiar en mi vida, y que sé que en esta etapa todavía no puedo. Pero sí que intento encontrar huecos para parar, respirar y escucharme. Porque si no sé qué muero en el intento.

Y esto que trato de explicarte, es lo que me gustaría que pudiese sentir cualquier persona del planeta.

Porque los sueños están para cumplirlos y la vida para disfrutarla al máximo.

Así que espero poder seguir trabajando en este bonito proyecto durante muchos años, y poder acompañar a muchísimas personas en su viaje hacia ellas mismas.

La relación más importante en la vida es la que tienes contigo misma.

Y aunque a veces pensamos que es egoísta… Sanar la relación contigo, conocerte, escucharte y cuidarte, es la mejor forma de dar tu versión al mundo.

Mil gracias por acompañarme en todo este tiempo.

Me siento enormemente feliz por todo lo que está pasando en este bonito proyecto.

¡Espero poder seguir aportándote valor muuuuucho tiempo más!