Hoy es un día especial, 8 de marzo, el día internacional de la mujer.

Un día que desde hace un tiempo me emociona, y por ello me apetece mucho explicarte porque soy feminista.

No soy una persona que suela involucrarse en política ni en temas relacionados.

Tampoco soy experta en feminismo, ni me he documentado, simplemente, quiero compartir lo que siento, como mujer.

Según la RAE esta es la definición de feminismo:

1. Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre.

2. Movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes del feminismo.

Durante toda mi vida he ido viendo desigualdades a causa del sexo y es algo que me hace sentir muy mal.

Ahora soy madre de dos niños y quiero que ellos aprendan desde la igualdad de derechos y oportunidades y el respeto a la mujer.

Para ello, lo mejor que puedo hacer es ser su mejor ejemplo y defender mis valores, no solo el 8 de marzo, sino cada día del año.

Los orígenes de mi feminismo.

Desde pequeña, he visto a mujeres que dependían del sueldo de sus maridos, que apenas podían tener un trabajo digno. Tenían que comprar, limpiar, cocinar, cuidar de sus hijos y en ocasiones tener contento al marido. Si trabajaban fuera de casa, seguían teniendo exactamente las mismas responsabilidades más el trabajo fuera de casa.

Daban todo para que cuando el marido llegase a casa después de su jornada laboral y tuviese el plato caliente encima de la mesa. Plato que apenas se les agradecía, pues era su obligación, pero por el que sí se quejaban si llegaba dos minutos tarde.

En mi familia, recuerdo a los hombres tomando  el aperitivo, mientras las mujeres hacían la comida y preparaban la mesa.

Era muy pequeña (sobre unos 10 años) cuando un domingo, mientras estaba sentada tranquilamente, un familiar que tomaba su aperitivo me dijo “venga, las mujeres a poner la mesa que ya es hora de comer”, a lo que le respondí que en cuanto se levantase él, yo me levantaba a ayudarle.

Me cayó un buen puro por faltar el respeto a mi familiar, pero yo me quedé bien a gusto y no preparé la mesa.

Y así, durante toda mi vida vi casi a diario situaciones en las que se nos discriminaba o se nos obligaba a hacer algo que se suponía que era nuestra responsabilidad, simplemente por ser mujer.

Tengo una amiga que tiene un hermano, a la que han obligado toda la vida a hacer la cama y a poner la mesa. Mientras su hermano mayor estaba en el sofá.

¡Mi abuela aún se extraña si me ve sentada y es mi marido el que pone la mesa!

Podría pasarme días contando anécdotas, pero imagino que, a ti, no te vendrán de nuevo estas cosas.

Cómo decidí ser una mujer independiente

Y así he crecido en un mundo machista, que ha hecho que sin duda hoy sea una mujer feminista, que reivindica sus derechos y su libertad.

Seguro que conoces a alguna familia donde la relación no funcione, incluso alguna donde el marido trate mal a su mujer. Familias que sabes que quedarán unidas para siempre porque la mujer no se imagina sola. Puede que nunca haya trabajado fuera de casa por cuidar de sus hijos y no se crea capaz de ser independiente. Puede que simplemente tenga miedo a estar sola por todo lo que le han enseñado…

Recuerdo desde pequeña fijarme mucho en todos los detalles, en mis familiares,  la gente en general, televisión, publicidad…

Con muy poca edad me prometí a mí misma que lucharía por ser una mujer independiente económicamente.

Durante toda mi vida puse mucho empeño en esto, y mi objetivo se convirtió en: “ser una mujer independiente para pasase lo que pasase en mi vida (casada, divorciada, soltera…) fuese capaz de mantenerme a mí y a mis hijos sin necesidad de la ayuda de nadie.”

Ahora lo recuerdo y me llama mucho la atención porque era muy pequeña, y ha sido algo que ha quedado grabado a fuego en mí.

Mi carrera

De pequeña soñaba con estar sentada frente a un ordenador, hablando por teléfono con clientes, realizando viajes de negocios.

Con 18 años no tenía ni idea de cuales eran mis fortalezas reales por todas las creencias limitantes provenientes del bullying y la infancia. Sabía que era buena estudiando, y que conseguiría aprobar lo que quisiera por mi persistencia. Pero estaba perdida porque no había nada que me gustase especialmente (lo he descubierto con más de 30 años…).

Así que me planté en una ingeniería informática de gestión, pensando en que al menos, no me faltase trabajo. Estudié en clases donde apenas el 7 u 8% éramos mujeres y pude comprobar cómo en la mayoría de las ingenierías predominaban los hombres.

No me gustó mi carrera, porque no era lo que yo esperaba. No obstante sigo sin entender, en qué momento se nos inculca que estas profesiones son de hombres. Conozco a compañeras informáticas que disfrutan con su trabajo, y son buenísimas.

¿Por qué hay niñas que nunca tienen un juego de experimentos o una motocicleta? Yo tuve suerte de tenerlos, y doy gracias a mis padres por ello.

Demos a nuestros hijas e hijos la oportunidad de experimentar, de tener muñecas, camiones, cocinas y disfraces de superhéroes.

No debe importar qué es aquello que se les da bien, si es lo que quieren, pueden, sea una ingeniería o ballet.

Que nadie ni nada les pare, y mucho menos haber nacido hombre o mujer, son sus sueños.

La maternidad

Este es el mayor motivo de que esté escribiendo este artículo y de que un día como hoy sienta la necesidad de salir a la calle para reivindicar lo que ya debería ser nuestro.

Cuando estaba embarazada de mi primer hijo, me encontraba en Alemania, y pensábamos seguir allí con nuestro bebe. Allí disponía de 14 meses, de los cuales las primeras semanas (no recuerdo si 4 o 6) son intransferibles para la madre. El resto lo podíamos combinar cómo quisiéramos mi marido y yo, según nuestras necesidades.

Finalmente cambiaron los planes y volvimos a España. Tuve que dejar a mi hijo con apenas 4 meses, para trabajar.

He amamantado a mis dos hijos de forma prolongada.

Se recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros 6 meses de un bebe y es aconsejable durante el primer año de vida.

¿Cómo quieren que lo hagamos si a las 16 semanas tienes que volver a trabajar?

Volver al trabajo a las 16 semanas de ser madre

Pues te lo cuento. Con ambos hijos pasé semanas llorando de pensar que tenía que dejarlos con las abuelas con solo 16 semanas de vida. Y tengo suerte de tener a mi madre y a mi suegra cerca, porque hay mujeres que no la tienen.

Por distintas circunstancias personales, en ambos casos tuve que incorporarme al trabajo sin poder alargarlo más.

Me ponía el despertador a las 6 de la mañana para sacarme leche antes de ir a trabajar y que despertase el niño. Cada noche me levantaba 3,4 o 10 veces, las que necesitase mi bebe.

Cómo el niño tomaba pecho, y mi marido no tiene tetas con leche, todas las veces me tocaba levantarme.
En el trabajo, en vez de parar a comer algo a mitad mañana, paraba a sacarme más leche encerrada en el baño (muy cómodo y placentero).

Al llegar a casa lo tomaba a mi hijo en brazos y mientras él mamaba de un pecho, yo sacaba leche del otro. Y así mi niño tenía comida para el tiempo que yo no estaba.

Esto cuando tenía un hijo, imagina con el segundo recién nacido y un bebe de año y medio.

¡A esto le llamamos conciliación!

Y eran trabajos en los que pude pedir la hora de lactancia correspondiente para estar más tiempo con mis hijos, para mí fue totalmente insuficiente.

En cuanto a la lactancia o al biberón, respeto por completo a cada madre, porque todas hacemos lo mejor para nuestros hijos. 

Pero si mi libre elección es la lactancia materna ¿Por qué no hay ninguna medida de conciliación que me lo permita sin que me vuelva loca?

Con esto, podrás imaginarte cuanto me encanta la idea de que se esté aumentando el permiso de paternidad y haciéndolo intransferible. Mientras se deja igual el de las madres…

¿De que me sirve en mi caso que se quede mi pareja con mi hijo de 17 meses si mi hijo quiere mi pecho y a mí?

Creo que cada familia según sus circunstancias y preferencias debería poder elegir quien cuida a su hijo. Sin que hubiese discriminación laboral alguna para ningún miembro de la pareja.

Mi pareja dormirá más o menos, mientras yo me levante una media de 4 veces a dar pecho por las noches.

Durante el día, él le dará los biberones de la leche que yo me habré pasado el día sacando en los únicos momentos que tendría para descansar.

Sé que esta fue mi opción y no es la que eligen todas las madres, estas circunstancias descritas son las que yo elegí, y por las que me sacrifiqué.

Cada mujer, cada familia, debería ser libre de elegir cómo criar a sus hijos, y para ello, debería poder tener las condiciones adecuadas para llevarlas a cabo. Sin más.

No he vivido la brecha laboral en cuanto trato y salario, pero sí lo he sentido y lo veo a diario en cuanto a la maternidad.

A ver si se dan cuenta y permiten que junto a la pareja se pueda elegir cómo distribuir el tiempo necesario de la mejor forma para toda la familia. Sin que nadie quede perjudicado.

Después que no se extrañen de que baje la natalidad, no lo ponen fácil.

Ya no quiero ser superwoman

Las mujeres hemos conseguido muchas cosas, y seguimos luchando por conseguir las que nos faltan.

Podemos votar, hemos cambiado leyes, podemos estudiar, podemos trabajar y hacer con nuestro cuerpo lo que queramos. Somos libres.

El problema es que cuando eliges tu forma de ser libre, muchas veces lo haces supeditada a lo que la sociedad espera de nosotras, y no a lo que quieres realmente.

Hasta hace poco yo intentaba ser:

– Una madre ejemplar
– Buena hija
– Hermana
– Buena pareja
– La mejor amiga
– Ama de casa
– Una profesional excelente
– Alegre
– Positiva
– Escuchar a todo el mundo
– El paño de lágrimas de todo mi alrededor
– Presente en todo a lo que me invitaban
– Simpática
– Paciente
– Divertida
– Apasionada
– Luchadora
– Sincera
– Exitosa
– ….

Pensaba que era una mujer libre dando lo mejor de mí al mundo, hasta que descubrí lo engañada que estaba.

Era una mujer haciendo lo que la sociedad esperaba de mí. Me había olvidado de mí existencia y me quedé sin fuerzas para seguir.

Mis deseos, mi cuidado, habían quedado en el olvido.

Ahora sé que solamente dedicándome el tiempo y el amor que me merezco, tengo la capacidad de ser mi mejor versión. Solo de esta forma puedo ofrecer a aquellos que me rodean lo mejor de mí, y no una “Ana” agotada, estresada y sin fuerzas.

¡No tienes que ser una superwoman!

Conócete, quiérete, persigue tus sueños, y disfruta de todo lo que te traiga la vida. Aprende a sostenerte y a superar los inconvenientes y busca en ti aquello que necesites.

Haz lo que sientas que quieres hacer, no lo que la sociedad espere de ti. Solo así serás realmente libre.

No quiero caminar por la calle con miedo

Quiero ser libre de vestir como me apetezca cada día, quiero ser libre de caminar sin miedo a cualquier hora, quiero poder hacer con mi cuerpo lo que sienta.

Últimamente vemos en los medios casos de violaciones y una serie de abusos que soy incapaz de entender.

Hay culturas en las que si te violan, te rechaza tu familia y encima te apedrean.

Cada 18 segundos una mujer esta siendo maltratada en el mundo.

Hay que hacer algo, para que esto pare, para que no haya ni una más, ni una menos.

Eduquemos, para que lo que está pasando no pase en las generaciones que nos siguen.

Demos a nuestras niñas la educación que necesitan, las herramientas para que se empoderen, se respeten y no permitan nunca que nadie les alce la mano.

Eduquemos a nuestros hijos en el respeto y en la igualdad, enseñémosles que un día una mujer les dio la vida.

Conclusión

Hace ya meses, mi hijo de 4 años llegó a casa diciendo que las mujeres no podíamos jugar a fútbol que solo juegan los chicos. Inmediatamente su abuelo entró a Youtube y le puso un partido de fútbol de mujeres.

A los pocos días, vino diciendo que las mujeres no podemos correr y que el rosa es de chicas.

¿Quién se lo ha enseñado? Algún compañer@ de clase, alguna publicidad… No lo sé.

En casa los educamos en la igualdad, no hay nada que sea de chicos o de chicas para nosotros, pero él, lo ha aprendido y ahora está en mi la responsabilidad de educarle en la igualdad.

Yo soy feminista por mi, por mis hijos, por mis sobrinas y sobrinos, por mis futuros niet@s, por todas las mujeres a las que quiero, por todas las que han sufrido o están sufriendo, por todas las que han luchado para poder llegar a donde estamos.

Porque siento el deber de dejar a los que vengan un mundo mejor.

Este es mi punto de vista.

¿Qué opinas tú?

¿Has sufrido la brecha laboral, la brecha de sueños, de oportunidades?

Me encantaría leerte en los comentarios.

¡Muchísimas gracias por leer todo el artículo!