Las creencias, tanto si son limitantes como si son potenciadoras condicionan tu vida de forma insconsciente.

¿Te has dicho alguna vez que no vales para algo, o que no eres capaz de hacer alguna cosa?

“Tanto si piensas que puedes, como que no puedes, estás en lo cierto”. Walt Disney

Y es que lo que la mayoría de veces, lo que está condicionando que seas capaz o no, es lo que tú crees.

Exacto, tú eres la que te estas limitando.

 

 

¿Qué son las creencias limitantes?

Las creencias limitantes son ideas que tenemos en nuestro subconsciente creadas por nosotras mismas o por la influencia de personas de autoridad.

La mayoría de ellas las creamos en nuestra infancia, pero también vamos añadiendo algunas según vamos creciendo.

Forman parte de nuestra forma de ser y determinan nuestras actitudes y comportamientos.

Casi siempre perdemos la dimensión cuando creemos que son realidades y las difundimos como si fueran verdades absolutas.

Raras veces las cuestionamos.

TODAS nuestras acciones, nuestras construcciones, nuestras materializaciones, son resultado de nuestras Creencias.

Si deseamos hacer cambios consistentes y perdurables en nuestros comportamientos necesitamos cambiar las creencias que los están sosteniendo.

Nuestras creencias afectan todo nuestro ser.

Una vez aceptada una creencia se transforma en una orden indiscutible para nuestro Cerebro.

“Nuestras creencias determinan nuestro potencial, nuestro potencial determina la acción que llevemos a cabo, y según sea nuestra acción, así serán nuestros resultados”. Tony Robins.

Resumiendo, las creencias te limitan o te permiten crecer según si son limitantes y potenciadoras.

 

Un ejemplo

El hombre que ves en la imagen es Roger Bannister.

Roger bannister

Hasta 1954, se decía que estaba científicamente comprobado que un si ser humano corría la distancia de una milla en menos de 4 minutos, le estallaría el corazón. Era algo imposible de conseguir para el hombre.

Hasta esa fecha nadie había bajado esa marca, pues podrían morir.

El hombre de la foto no creyó esta afirmación, y en 1954 corrió una milla en 3’ 59’’ 04’’’.

7 meses después 37 personas ya lo habían conseguido

Y en los siguientes 3 años, lo hicieron 300 personas.

La creencia de que no se podía conseguir, estaba haciendo que nadie lo consiguiera.

En cuanto vieron que sí se podía, empezaron a lograrlo más corredores.

Esta es la fuerza que tienen las creencias limitantes.

 

¿Cómo se crean las creencias limitantes?

Ante un hecho o situación determinado tenemos unos pensamientos a los que les damos una referencia según lo que interpretamos.

Esta referencia puede ser algo imaginario o real, pues el cerebro no distingue entre realidad o fantasía.

Y con esto que interpretamos, creamos nuestra creencia.

Si la creencia tiene carga emocional la creencia es mucho más fuerte.

Las creencias pueden ser negativas o limitantes o también positivas o potenciadoras, cuando las aceptamos e integramos como reales las tenemos como convicción.

Muchas veces incluso nos identificamos con ellas.

La mayoría las creamos en la infancia de los 0 a los 6 años, pero luego vamos incorporando más según nuestras vivencias, patrones y percepciones.

 

En la infancia

Debido a que una gran parte de creencias se consolidan en este periodo, es sumamente importante que las personas del entorno del niño sean conscientes de ello.

Lo que el niño interprete de lo que viva en su entorno familiar, social, cultural será lo que el crea y lo que determinará su vida.

Por tanto, si tienes hijos o niños cerca, y quieres que sean felices, debes tener precaución con las ideas que le transmites desde su temprana infancia.

Una de las partes fundamentales de mi trabajo, es ayudar a mis clientes a detectar sus creencias limitantes para que puedan cambiarlas por potenciadoras.

Hay una parte de las creencias que adquirimos en edades tempranas, que afectan directamente a la autoestima.

Creencias como:

  • No vales para nada
  • Tú no puedes hacer eso
  • Eso que tú tienes o haces no está bien

Estas creencias en la vida de adultos se transforman en miedos e inseguridades, y te impiden hacer cosas que sí eres capaz de hacer.

¿Conoces el cuento del Elefante encadenado de Jorge Bucay?

Se trata de un elefante al que de pequeño ataron a una estaca y tras muchos intentos de soltarse no lo consiguió.

Un día se dio por vencido y dejó de intentarlo.

Creció, se hizo adulto y ahora era un enorme elefante atado a una pequeñísima estaca. Pero había creído que era incapaz de soltarse y ya ni siquiera lo intentaba.

Basta que un adulto le reitere a un niño “que no debe”, “no puede”, o “eso tuyo, no está bien” para que este niño lo crea y nunca más lo intente.

 

En la vida de adultos

Hay otro tipo de creencias que vamos adquiriendo durante el resto de nuestras vidas, por las cosas que nos pasan y lo que interpretamos de ellas.

Son creencias cómo:

  • Pensar que has perdido un trabajo y no vas a ser capaz de encontrar otro en plena crisis.
  • Que te pase algo con alguna pareja y luego no confíes en nadie.
  • Creencias relacionadas con el dinero (aunque estas también se adquieren en la infancia).
  • Creer que a determinada edad tienes que aguantar un trabajo que no te gusta porque ya no tienes edad para reinventarte.

Las creencias se pueden adquirir a través de experiencias que vivimos o a través de una persona a la que consideramos una autoridad.

Así que, por ejemplo:

Eres una persona que cuida su salud y bienestar. Tu entrenador te dice que es mejor hacer ejercicio en ayunas. Puedes creerlo y a partir de ese momento siempre haces ejercicio de esa forma.

Como no lo sabemos todo, elegimos muchas cosas de las que hacemos según las personas en las que confiamos porque para ti son especialistas en la materia.

Por esto si te das cuenta, tus valores o preferencias también condicionan en cierta manera aquello que crees.

 

Profecía autocumplida

Las creencias, tienen un poder extraordinario.

Te condicionan de tal forma que muchas veces aquello que crees acaba siendo realidad.

Es decir, que, si crees que algo va a salir mal, da igual lo que trabajes en eso que crees, porque lo más probable es que acabe saliendo mal.

Piensa en una persona muy inteligente, con grandes habilidades y persistencia. Decide emprender un negocio y trabaja muchísimo en él.

Pero en el fondo hay algo que le hace creer que no va a ser capaz de tener éxito en su trabajo. Cree que va a ser un currante, porque viene de una familia de trabajadores y el dinero solo va a los ricos.

Esa persona, nunca vivirá en abundancia. Su negocio le dará un sueldo para vivir y poco más, porque el mismo se está limitando. Y lo que cree se hace realidad.

Solo cambiando esa creencia, por otra potenciadora relacionada con la abundancia y sus posibilidades de éxito, podrá conseguir tener resultados mucho mejores.

 

Profecía autocumplida en niños

Esto es algo delicado cuando hablamos de niños.

Te pongo un ejemplo.

Imagina un niño al cual sus padres siempre le comparan con su hermana. No se lo dicen directamente, pero escucha a hablar a los adultos. La hermana es muy lista y se le dan bien los estudios, pero a él, le cuesta más, “no sirve para estudiar”.

Esto es lo que escucha ese niño durante toda su infancia, pasan los años, y conforme crece, siente que nunca va a poder estudiar. Además, escuchar esto hace que el niño se desanime y al no creer en él, no va ni a intentar algunos retos.

Porque estará convencido de que puede conseguirlos.

Lo cree y se cumple la profecía.

El niño elige no estudiar y busca un trabajo porque no se ve capaz.

Este niño puede ser un niño totalmente capaz. Tengo muchos amigos y amigas que se pusieron a trabajar con 16 años, porque “no servían para estudiar” y así lo creyeron. Muchos de ellos, años más tarde se dieron cuenta de que tan solo era una creencia. La cambiaron, y volvieron a estudiar con más de 25 años, ahora tienen éxito en sus trabajos.

Imagina una niña que siempre escucha que es tímida. De tanto escucharlo, cree que es algo suyo y acaba identificándose con ello. A partir de ahí se ve incapaz de hablar en público, de participar en una obra de teatro… y cuando es adulta entra en pánico cada vez que tiene una entrevista de trabajo.

De nuevo, la niña acabó creyéndose aquello que escuchó de ella, se identificó con ello pensando que “ella es así”, y se cumple la profecía.

Esto es conocido también como el efecto Pigmalión. Se da cuando las expectativas y creencias de una persona influyen en el rendimiento de otra.

 

Creencias comunes

Son muchas las creencias que tenemos, y es todo un trabajo personal el ir siendo consciente de ellas. Tomando consciencia de ellas y trabajando para cambiarlas, podrás ir rompiendo barreras que solo tú te estas poniendo.

Te dejo aquí una lista de creencias comunes, puede que tú misma te reconozcas en alguna de ellas.

Creencias relacionadas con el dinero

  • Para ganar mucho dinero hay que trabajar mucho
  • Sin estudios no conseguirás nada
  • Sin dinero no eres nadie.
  • No se puede vivir de lo que me gusta.
  •  El trabajo es sacrificio
  • No me gusta pedir ayuda
  • En el trabajo lo más importante es la seguridad.
  • Si ayudas a alguien no deberías cobrar.
  • No hay mercado para todos
  • Siempre estamos en crisis
  • Me da miedo el éxito
  • El éxito es para otros, no para mi
  • Tener mucho dinero no es espiritual
  • Ganar mucho dinero es solo para los ricos

 

Creencias relacionadas con las relaciones

  • Todos los hombres son mujeriegos
  • En las relaciones hay que sacrificarse por el otro.
  • El amor puede con todo.
  • ¡La gente no cambia!
  • Más vale malo conocido.
  • En una buena relación nunca hay discusiones.
  • Sin él o ella no puedo vivir.
  • Si no me quiere nadie es que no valgo.
  • Las relaciones fuertes y que se quieren lo aguantan todo.
  • Con el tiempo todo se soluciona.
  • Sin el o ella no sería nadie.
  • Si tengo pareja me sentiré querida”.
  • Para ser una buena madre hay que sacrificarse.
  • Si a los treinta y cinco no tienes pareja es que tienes un problema.
  • Si alguien te quiere, jamás te hará daño.
  • Alguien que te quiere y te conoce sabrá siempre lo que necesitas.
  • Cuando estás enamorado solo tienes ganas de estar con esa persona y de hablar con ella.
  • Si se muere alguien muy cercano tienes que llorar. Si no, es que no lo sientes.
  • Si los demás no me valoran es que no lo he hecho bien.

 

Creencias relacionadas con la autoestima

  • No valgo para nada
  • Soy demasiado gordo(a) para gustar a alguien
  • Yo soy así y no voy a cambiar
  • Mi felicidad depende de los demás
  • Mi felicidad depende de las circunstancias.
  • Me da miedo fracasar
  • Dependo del que dirán y necesito aprobación
  • No sé hablar en público.
  • Soy un egoísta si pienso en mi.
  • No hago nada bien.Siempre me rechazan

Creencias de gente de mediana edad

  • A partir de los treinta y cinco se te quitan las ganas de salir.
  • Si tuviera más tiempo, haría más cosas.
  • A veces en la vida hay que tomar un camino, aunque en realidad tú quieras ir por otro.

Creencias relacionadas con la vida

  • Importa poco lo que yo haga, mi destino ya está escrito.
  • Estar triste o tener miedo es malo. Hay que evitarlo.
  • Cuando tienes un problema tienes que estar pensando en ello todo el rato.
  • La vida es lineal. Cuando coges un camino toda tu vida sigue por ahí.
  • En la vida hay que procurar cometer los mínimos errores.
  • La vida es así

 

¿Qué hago con mis creencias?

Cómo detectarlas

El primer paso para poder trabajar en tus creencias es estar atentas para detectarlas.

Estando atenta a lo que dices o a lo que piensas.

Las creencias son dogmáticas, las expresamos y sentimos como algo que es totalmente cierto.

  • Se suelen expresar en términos de “tengo”, “debo”, “mi obligación”…
  • Las expresamos también de forma categórica “Todo o nada”, “blanco o negro”, “siempre o nunca…”
  • Suelen impedir la consecución de alguna meta u objetivo
  • Son el escondrijo de miedo. Creemos algo pero realmente lo que se esconde detrás es miedo (al error, al fracaso, al rechazo…)

Abre tu mente

No te cases con  nada de lo que crees.

Empieza a cuestionarte todo lo que creías hasta ahora y date la posibilidad de creer en otra cosa.

Vivimos en la era de la información, busca alternativas, lee, aprende qué es lo que están creyendo las personas que consiguen aquello que quieres conseguir tú.

Y después trabaja para creer tu misma esas creencias potenciadoras.

“La mente es como un paracaídas,solo funciona si se abre”. Albert Einstein

 

Sé consciente de aquello que quieras cambiar

Cuando no te sientas a gusto por algo, cuando te pilles diciendo algo como si fuera una verdad absoluta, cuando te veas inmersa en un pensamiento que no te gusta o veas que hay algo que te pone triste o que te enfada, pregúntate qué estas creyendo en esa situación.

¿Qué te estás diciendo para sentirte así? ¿Qué es eso que crees, que te hace sentirte mal?

 

Cuestiónate eso que crees

¿Para qué te sirve esta creencia? ¿Qué consigues creyendo esto?

Eso que crees ¿Se cumple siempre? ¿Hay alguna vez que no se haya cumplido?

Por ejemplo, si la creencia fuese “creo que no soy capaz de…” ¿Ha habido alguna vez que si hayas sido capaz de hacer eso?

¿Qué consecuencias negativas está teniendo creer lo que crees? ¿Qué pasaría en tu vida si no lo creyeses?

 

Busca una creencia potenciadora para sustituir aquella que te limita

Cuando ya hayas identificado aquello que crees que te está limitando, deberías buscar que es lo que realmente te gustaría creer.

¿Por qué otra creencia la podrías sustituir que te potencie en vez de limitarte?

Busca algo que te haga sentir bien.

Cuando la encuentres date motivos por los que creer que es cierto. Busca momentos, pruebas, personas que verifican que esta creencia es cierta.

Piensa qué pasaría en tu vida si creyeses esta nueva creencia. ¿Cuáles serían las consecuencias?

Una vez tengas clara esa nueva creencia potenciadora, cada vez que te pienses eso que te hace sentir mal, empieza a decirte a ti misma la nueva creencia.

Repetir, a repetir y a repetir.

Porque a través de la repetición es que las creencias limitantes se establecieron en primer lugar.

Así que las creencias empoderadoras las puedes establecer de la misma manera.

 

Conclusiones

La Dra. Elizabeth Kübler-Ross  es una psiquiatra y escritora considerada una de las personas que más ha estudiado la muerte. En su libro: “La muerte: un amanecer“, recoge testimonios de personas a las que asistía en sus últimos días de vida.

En él cuenta que la mayoría de personas no se arrepentían de lo que habían hecho sino de las cosas que no habían hecho, de todas las veces que no se arriesgaron, de los sueños que nunca persiguieron. Las palabras más pronunciadas eran “ojalá hubiera…”

De todas las entrevistas concluye:

“No es la muerte lo que más asusta sino haber llegado al final de la vida sin haber vivido de verdad”. Dra. Elizabeth Kübler-Ross

Las personas se arrepentían de dos cosas, una de haberse tomado las cosas tan a pecho, y la segunda cosa que pensaban era, que debería haberme atrevido más. Es decir, se arrepentían de no haber perseguido sus sueños.

Mi experiencia

Mis creencias limitantes, hicieron que durante casi 30 años pensase cosas como que:

  • Siempre iba a ser rechazada y nunca tendía amigos
  • El dinero era para los ricos, yo tenia que trabajar duro para poder vivir y no podría permitirme ningún lujo, pues venia de familia trabajadora.
  • Brillar o destacar en algo era malo, por ello pasé años intentando pasar desapercibida
  • Era incapaz de conectar con otras personas, y mucho menos de hablar en público.
  • Lo mejor para mí era trabajar en una oficina donde no tuviese que estar en contacto directo con personas, para no ser rechazada.
  • Una persona buena tiene que dar todo a los demás.

Como puedes ver, estas creencias estaban impidiendo sacar lo mejor de mí. Era imposible que me sintiese realizada con la vida que llevaba al creer todo esto.

Mi trabajo me hacía sentir vacía, y mis miedos me impedían crecer.

Darme cuenta de que solo eran creencias y empezar a liberarme de ellas supuso para mí el principio de la conquista de mi libertad.

Ahora trabajo para conseguir mis sueños, y te voy a contar un secreto.

Mis sueños y mis metas actuales tienen mucho que ver con aquello que soñaba siendo una niña y algún día creí que era imposible conseguir.

Cuando fui consciente de esto me quedé alucinada porque recuerdo perfectamente cómo me imaginaba con 5 o 6 años.

Pasaron muchas cosas por el camino y esos sueños desaparecieron de mi mente, pues me creí incapaz.

Ahora que me he quitado la venda, estoy en el camino de conseguirlos.

Me veo muy cerca de ser la mujer que soñaba ser de pequeña y creo firmemente que lo voy a lograr.

Te invito a que revises que estás creyendo de ti, de la vida, de todo en general y elimines esas barreras que te impiden cumplir tus sueños.

Porque los sueños están para cumplirlos, y las personas, tenemos mucho más potencial del que imaginamos.

¿Me cuentas cuáles son tus sueños?