Esta carta la escribí como ejercicio en mi proceso de autoconocimiento y desarrollo personal, mientras trabajaba en la superación del bullying.

Ser capaz de escribir estas líneas, desde este punto de vista fue algo liberador para mí, y por eso quiero compartirla contigo.

He cambiado unos pequeños detalles (muy poco) de la carta original porque no quiero que se identifique a la persona a la que va dirigida, ni que se le haga ningún daño ni comentario.

Ahí va este trozo de mí:

A ti, que me hiciste bullying,

He pasado la mayor parte de mi vida odiándote. A ti y a las personas que te actuaban como tú. Aunque tú eras la líder, la que tenía el poder de convocatoria.

Nunca entendí cuales fueron tus motivos para atacarme, ni por qué necesitabas crear el odio en mis compañeros hacia mí.

La mente es muy sabia, y de todos los años en los que sufrí acoso, apenas recuerdo unos cuantos episodios de agresiones.

Aunque sí que puedo sentir el dolor que me ocasionó y lo he revivido constantemente el resto de mi vida.

Era muy frustrante, siendo una niña ver cómo me atacabais y no entender por qué.

Intentaba ser buena, agradaros y de repente me encontraba a 10 o 15 niños y niñas acompañándote a casa en medio de gritos, empujones y tirones de pelo. Y muchas cosas más…

Las humillaciones eran constantes y yo no sabía cómo salir de donde me encontraba.

El miedo y el sentimiento de rechazo se apoderó de mí.

Intenté hacer todo lo que estaba en mis manos para parar esa situación, y mi familia hizo lo mismo, pero nadie nos ayudó.

Tuve que acabar haciendo algo que detesto, huir. Cambiar de colegio para intentar vivir en paz.

Pero ni siquiera así me dejasteis tranquila. Al principio cada vez que nos cruzábamos había miradas desafiantes, palabras de desprecio, empujones…

Poco a poco fue cesando, pero hasta con 17 años un día, de repente, me volviste a agredir.

Tuve problemas toda mi adolescencia, y los arrastre durante muchos años.

Nunca conseguí encontrar mi lugar, tenia un miedo terrible a ser rechazada. Miedo a no ser suficiente, y a que nadie me quisiera.

Entablar relaciones con los demás se me hacía cuesta arriba, estaba convencida de que había algo en mí que yo no sabía identificar y no era bueno.

Algo que haría que nunca fuese aceptada tal y como era.

Mantener estas relaciones era más que complicado, pues a la mínima sospecha de que me iban a hacer daño, salía corriendo.

Odiaba la soledad y lloraba cada noche, pero prefería estar sola a que me volviesen a hacer daño.

A los 22 años, lo primero que hice con mis primeros sueldos fue buscar ayuda de un psicólogo para a calmar mi ansiedad.

Las crisis de ansiedad estaban siendo cada vez más fuertes y empezaban a afectarme a nivel físico, por lo que me recomendaron medicación.

Yo sabía que esas pastillas no iban a curarme lo que llevaba dentro así que busqué a alguien que me ayudase a poner las cosas en orden.

¿sabes cuál fue la solución?

Realizar terapia visualizándote a ti, y a tus amigas.

Visualizando que pasabas por mi lado, imaginando que te acercabas a mí, pensando que era capaz de hablar a otras personas mientras tú estabas ahí…

Estuve meses enfrentándome al miedo.

Haciendo ejercicios para vencer la ansiedad que me provocaba todo el daño que me hizo el bullying que sufrí. Y el proceso no fue nada fácil.

El dolor que experimenté durante el tiempo que me acosabais era la base de la ansiedad que sufría, y la extrapolaba a todos los terrenos de mi vida.

¿Pensabas que las consecuencias de lo que pasó podrían ser de tal envergadura?

Estoy segura de que no.

Hace poco más de tres años, la vida me llevo de nuevo cerca de ti.

El ser madres y vivir relativamente cerca iba a hacer que nos viésemos todos los días, y que probablemente nuestros hijos fuesen amigos.

No te imaginas las ganas que tuve de salir corriendo y buscar otro lugar, y me falto muy poco para hacerlo.

Pero esta vez decidí quedarme. No iba a ser tu amiga y no pensaba saludarte nunca jamás, pero no me iba a marchar.

No volvería a huir.

Sin poder evitarlo hemos formado un grupo junto a otras madres.

Un grupo de madres maravillosas que tienen la misma visión (o muy similar) de la crianza que yo. Para mi son de gran ayuda y me encanta poder contar con ellas y compartir momentos.

No quería renunciar a ese grupo y perderme a estas personas simplemente porque tú también formases parte de él.

Por ello decidí que, aunque nunca seríamos amigas, inevitablemente estábamos formando un grupo. Saludar es de educación, por lo que intentaría hablar contigo justo lo necesario.

Hace relativamente poco tiempo empecé un camino de desarrollo personal. Mi vida no funcionaba como yo quería y decidí buscar soluciones.

Al tirar del hilo e ir buscando los motivos por los que tenía los problemas actuales, volvió a aparecer el bullying, y con él apareciste tú.

Y fue entonces, cuando aprendí a verte de otra manera.Cuando por fin entendí lo que pasó en nuestra infancia, y por fin te pude perdonar y dejar de odiar.

No sé qué recordarás de todo lo que pasó.

Según he leído, probablemente muy poco, pues tu mente te estará ocultando esa parte de ti en tu sombra, si es que no le has dado luz, para evitarte sentir culpable o hacerte sufrir.

Así que es posible que cuando te cuente todo lo que he sufrido te parezca algo descomunal, pero todo es absolutamente cierto.

Al estudiar detenidamente cómo funciona el bullying y quien interactúa en él, he podido aprender que la persona agresora, es también víctima.

Al igual que la persona que es agredida, tiene unas circunstancias particulares que la hacen vulnerable de sufrir el acoso que sufre.

Por ello, soy consciente de dos cosas:

 

1.- Antes de sufrir las agresiones, yo ya tenía determinadas limitaciones emocionales o inseguridades que me hicieron débil. Y era un blanco perfecto para ti o para cualquier otra persona en circunstancias similares a las tuyas.

Si yo hubiese tenido la estabilidad e inteligencia emocional que necesitaba, ni tú, ni nadie me hubiese podido hacer daño. Por lo que todo lo que vivido, no es tu responsabilidad.

 

2.- A ti te pasaba lo mismo o algo muy similar, pero lo exteriorizabas justo de la forma contraria. Necesitabas un reconocimiento, algo que estabas pidiendo a gritos.

Hacerme daño a mí, que nunca seguí tus normas, y ver como otras y otros sí te seguían, era tu forma de obtenerlo.

De cualquier otra forma un niño o niña sano emocionalmente es incapaz de hacer tanto daño a otro. Eso que dicen que los niños son muy malos no es cierto.

Cuando necesitan hurgar en la debilidad del otro para sentirse fuertes. Para cubrir aquello que les falta, normalmente por parte de su entorno más cercano.

Y mucho menos podías ser consciente de todo el daño que aquel acoso iba a provocar en mí. ¿Acaso tus padres, algún profesor o psicólogo te lo explico en algún momento? 

Estoy segura de que no fue así.

 

Si en algún momento leyeses esto, puede que pensases que estoy loca, que tú estabas perfectamente y tu entorno era hacía lo mejor para ti.

Yo pensaba lo mismo.

Adoro a mi familia, y tengo los mejores padres del mundo. Mi familia y mi entorno siempre han hecho todo lo que han podido por mí, de la mejor forma posible.

Pero cuando realicé todo mi proceso de desarrollo personal, encontré que había cosas que para un adulto pueden resultar sutiles, que, aunque las habían hecho por mi bien y con su mejor voluntad, a mí me hicieron vulnerable.

Y estoy completamente segura de que, en tu caso, seas consciente actualmente o no, te pasaba algo muy parecido.

Sé que durante años, después de que me marchase del colegio, tú y tus amigas seguíais peleándoos con distintas personas.

Incluso creo que en alguna pelea siendo ya bastante mayor te tocó visitar el hospital a ti o a alguna de tus amigas.

¿Qué os pasaba con tanta gente si pelear no es algo normal?

¿Te has planteado alguna vez por qué necesitabas sentirte fuerte y vencedora?

¿Por qué os gustaba que os tuviesen miedo y sentiros superiores o respetadas como unas matonas intocables?

¿Qué buscabais?

¿Qué te faltaba?

Solo espero que ya lo hayas encontrado.

 

La vida quiso que me volviese a cruzar contigo, y que te tuviese hasta en la sopa prácticamente.

Sé que no fue casualidad, y tengo que agradecerlo porque gracias a ello he aprendido todo lo que sé sobre el bullying. Lo he superado, y soy una persona completamente distinta, segura, y libre.

Y ahora ayudo a personas a superar todo ese dolor que puede marcar de por vida.

Quiero decirte que te he perdonado completamente y no te guardo nada de rencor.

Aunque lo hubieses intentado, tú no me hubieses hecho daño si yo hubiese estado bien emocionalmente.

Tampoco habrías necesitado hacerme daño si tú hubieses estado bien.

Como niña que eras, no podías entender el dolor y sufrimiento que ibas a causar, y mucho menos lo que ello acarrearía para el resto de mi vida.

Ahora te veo con tus hijos, practicando la crianza respetuosa. Veo todo el amor que les das, y me pareces una persona incapaz de hacer daño a nadie.

Muchas veces me hubiese gustado preguntarte qué pasaría si a uno de tus pequeños les hicieran lo que tú me hiciste a mi…

Nuestros hijos seguramente sean amigos, y nosotras coincidamos en muchas reuniones, comidas y cenas.

Ahora hablamos cuando nos cruzamos, o cuando nos toca sentarnos juntas, pero aún se nota la tensión.

Por mi parte seguiré trabajando en ello porque quiero conseguir verte simplemente como una más.

El día que lo consiga significará que mis cicatrices están totalmente curadas.

 

Por último, darte las gracias, porque en cierta forma eres una maestra en mi vida. A pesar de todo el dolor, yo no sería quien soy sin ti:

He luchado toda mi vida para no hundirme, y he sacado fuerzas de donde no tenía en los momentos difíciles para seguir.

– He seguido buscando oportunidades y nuevos comienzos a pesar de no encontrar mi lugar.

– Me refugié en mi carrera profesional para evadirme de los malos momentos, por lo que ha sido exitosa.

No me he conformado quedándome con mis miedos e inseguridades y no he parado hasta que no los he vencido.

–  Estoy en el camino de vivir la vida como quiero.

– Me he formado ayudar a otras personas a superar las secuelas que sufren a causa del bullying , y a familias que lo están sufriendo. He conseguido sacar de algo tan doloroso, un proyecto bonito que va a cambiar vidas.

 

Y seguramente todo esto no hubiera pasado si no hubiese sentido todo lo que sentí.

Así que, sinceramente, te deseo todo lo mejor en tu vida.

Y quien sabe, tal vez un día podamos hablar tranquilamente sobre este tema.

Nos vemos pronto.
Ana M.

Conclusiones.

Y hasta aquí la carta que escribí.

Me gustaría mucho saber tu opinión.

¿Qué te ha parecido? ¿Serias capaz de escribir a la persona o las personas que te hicieron daño? ¿Qué les dirías?

¿Alguna vez te has parado a pensar si haber sufrido bullying ha hecho posible que desarrolles en ti cosas que de otra forma puede que no hubieras desarrollado?

¿Eres capaz de perdonar?

Cuéntame qué sientes, me encantaría leerte en los comentarios y compartir los distintos puntos de vista.